La sala de espera privada en el rincón del hospital olía a un antiséptico penetrante, que competía con el aroma a sándalo de la costosa colonia que emanaba del traje hecho a medida de Don Emilio Valdez. La luz fluorescente del techo proyectaba un resplandor frío, reflejándose en el suelo de granito y exponiendo cada arruga de remordimiento en el rostro del anciano.Diego permanecía rígido en el centro de la estancia, con los ojos entrecerrados con hostilidad. Tenía las manos cerradas en puños dentro de los bolsillos de sus vaqueros, conteniendo el impulso de golpear la pared o, peor aún, el rostro del hombre frente a él.—Lo hice porque quise. Sé que me odias. Cinco minutos, Diego. Eso es todo lo que pido —la voz de Don Emilio sonaba grave, con esa autoridad propia de quien está acostumbrado a dar órdenes, aunque esta noche, había un matiz de fragilidad que intentaba ocultar—. Después de eso, eres libre de insultarme o de salir por esa puerta sin volver a verme nunca más.—Ya has desp
Terakhir Diperbarui : 2026-09-30 Baca selengkapnya