Renata no durmió. No por la refutación. Las cuarenta y una páginas estaban enviadas y el documento descansaba en el servidor de Kwong con la certeza de lo que era: correcto, verificable, suficiente. Lo que no la dejaba dormir era el mensaje que había visto en la pantalla de Valentina a las cuatro y cuarenta y siete de la mañana. «¿Ya firmaste con ella? Necesito saber si el plan sigue.» Renata estaba sentada en la silla junto a la ventana del hotel cuando Valentina se despertó a las siete. Se incorporó con el cuaderno todavía bajo la mejilla, el pelo aplastado de un lado, el lápiz 4H rodando sobre la mesa hasta que lo atrapó con los dedos. —¿Qué hora es? —Las siete y cuarto. Valentina miró a Renata. Leyó algo en la forma en que estaba sentada. —¿Dormiste? —No. Valentina no preguntó por qué. Recogió el cuaderno, se puso de pie, fue al baño. Renata esperó. No confrontó. No era el momento ni el lugar. Lo que iba a hacer era más preciso que una confrontación. —La reunión con Kwong es a las
Last Updated : 2026-09-23 Read more