Marina hizo una pequeña pausa y dijo: —Sebastián, llevo casi dos años en piloto automático; aún puedo sentir cómo fue que me sentí cuando Esteban me pidió el divorcio, ¿sabes? Esa maldita noche, estaba vestida con un estúpido y ridículo camisón que, según yo, había comprado para revivir la chispa que sentía que se estaba apagando. El que Efraín llegase a mi vida meses después de todo lo ocurrido se sintió como un ungüento. Él era cariñoso, atento, era fuerte, seguro de sí mismo; su mirada me hacía sentir que las piernas me temblaban. Sus actitudes de galán de novela, no lo voy a negar, me hacían sentir especial y, siendo honesta, fue muy sencillo caer rendida. Digo, mírame, mis bebés son la prueba de ello. Cuando Esteban me dejó, cuando tomó ese maldito avión y se largó olvidándose de todo… ¡Dios! Hay algo que recuerdo muy bien de todos esos días y, créeme, cada maldito amanecer lucho para no sentirlo, pero… —¿Qué recuerdas? —El maldito golpe que me di, yo quería ir a donde Esteba
Última atualização : 2026-08-01 Ler mais