La luz del sol se filtraba por las cortinas de lino de la cabaña, dibujando líneas de oro sobre el desorden de ropa en el suelo. Elara despertó antes que él, algo inusual. Se quedó inmóvil, sintiendo el peso del brazo de Dante rodeando su cintura, una ancla de piel y músculo que la mantenía sujeta a la cama. El silencio de la mañana era diferente al de la noche anterior. Ya no era un silencio cargado de hambre, sino uno de una intimidad tan cruda que la hacía sentir expuesta. Miró el rostro de Dante mientras dormía; sin la máscara del "tiburón" empresarial, sus rasgos parecían menos agresivos, casi vulnerables. Por un segundo, Elara olvidó el miedo y solo vio al hombre que había movido cielo y tierra por la salud de su padre. Se movió con cuidado para zafarse de su agarre, pero en cuanto intentó alejarse, el brazo de Dante se tensó, atrayéndola de vuelta contra él. —No te vayas todavía —murmuró él, su voz aún más grave y ronca por el sueño. Dante abrió los ojos, sus pupila
Última actualización : 2026-04-21 Leer más