Años atrás, me golpeé la cabeza en un accidente de auto y me volví tonto. Mis padres se habían divorciado hacía tiempo y se fueron lejos; solo mi madrastra quiso cuidarme.Mi madrastra se llamaba Mariana Vega, la mejor amiga de mi mamá. Su piel era suave y blanca, su figura, sensual, y en cada movimiento y sonrisa irradiaba un encanto maduro.Siempre me gustó; de vez en cuando, en el silencio de las noches, me la imaginaba en mis fantasías.Hace un tiempo, mientras mi madrastra había salido al súper, me trepé al armario a jugar, me resbalé y me golpeé la cabeza. Para mi sorpresa, mi cerebro volvió a funcionar con normalidad, pero seguí haciéndome el tonto.Porque cada día mi madrastra me llevaba a hacer ejercicio y me daba masajes de acupresión, lo que estimulaba los nervios del cerebro y ayudaba a la recuperación. Y así también podía tener contacto cercano con ella; no quería perder ese placer.Hoy era otro día de ejercicio. Mi madrastra llevaba una licra de yoga ajustada, rosa, muy s
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