LOGINLa escena en el cuarto era indecente: dos figuras desnudas sobre la cama, un hombre y una mujer.Lucía estaba encima de un tipo de mediana edad, moviéndose sin parar, empapada en sudor, la cara colorada, gimiendo a todo pulmón.Mi entrada repentina los sobresaltó a los dos.—Cristian, tú... ¿cómo llegaste aquí?Lucía se bajó del tipo presa del pánico, y yo arremetí contra él hecho una furia.El tipo intentó incorporarse, asustado, pero le di una patada en la cara. Con un grito de dolor, volvió a caer sobre la cama cubriéndose la cara con las manos.Quería seguir golpeándolo, pero Lucía me agarró con fuerza y me pidió que me calmara.—¡Cálmate, carajo! —La aparté de un empujón y le di una cachetada con toda mi fuerza.Lucía se quedó aturdida unos segundos y luego se me fue encima a rasguños y arañazos, como una arpía.El escándalo siguió hasta que llegó la policía y nos detuvo a los dos con una advertencia.Cuando salí de la delegación ya eran las dos de la mañana. Me senté en la orilla
Poco a poco me fui volviendo dependiente de ella y no quería irme.Pero las cosas siempre salen a la luz. En una revisión de rutina, un movimiento inconsciente que hice le reveló al médico que ya estaba bien. Para confirmarlo, repitió los exámenes varias veces.Con eso, mi padrastro también se enteró de mi recuperación, y ya no podía hacer cositas con ellos como antes.Poco después de recuperarme, mi padrastro me dijo que mi mamá había vuelto. Al enterarse de lo que me había pasado, se arrepintió mucho. Dijo que nunca debió habernos dejado y quería llevarme a casa para cuidarme bien.Tenía miedo de que en casa de mi madrastra me descubrieran, y también de no poder resistirme a cometer otro error. Mi padrastro había sido muy bueno conmigo y no podía destruir su familia, así que me fui con mi mamá.Durante un tiempo, mi mamá me cuidó bien e incluso me presentó a una novia: Lucía Estrada. Era muy guapa y en todo sentido hacíamos buena pareja.Pero por cuestiones de trabajo, Lucía y yo viv
En el momento del contacto, sentí que mi alma entera temblaba; era tan placentero que casi gemí.Mi potencia, claro, no tenía comparación con la de mi padrastro.Mi madrastra, que antes se mordía los labios con vergüenza de hacer ruido, ya no pudo contenerse; los abrió y se soltó a gritar sin freno.Después de media hora seguida, mi madrastra volvió a chorrear.Para entonces mi padrastro se había recuperado y, juntos, convertimos a mi madrastra en emparedado mientras los dos disfrutábamos.Esa noche seguimos hasta pasada la medianoche, y paramos solo cuando ya no teníamos fuerzas.Al ver que a mí también me gustaba, mi padrastro me preguntó si quería seguir jugando ese juego.Asentí y dije que sí quería, que se sentía muy bien. Él me dijo muy serio que ese juego no se lo podía contar a nadie, y que si alguien más se enteraba ya no me dejarían jugar.Después de esa vez, mi padrastro se aficionó al juego; en casa seguido me incluía, y eso me hizo volverme adicto a la figura de mi madrast
El cuerpo de mi madrastra tembló con fuerza y sus gemidos dejaron de contenerse, elevándose libres y sin freno.Era la primera vez que la veía perder el control así. El juego de tres sí era lo suficientemente excitante. Aunque mi padrastro no podía darle placer real, con mi participación ella al menos podía sentir algo placentero por un momento.Poco después, mi padrastro se rindió.Mi madrastra también volvió en sí y, con la cara roja de vergüenza, le dio un golpecito en el pecho al padrastro.—Qué vergüenza, todo es tu culpa. Si se le ocurre contarle a alguien, nunca voy a poder volver a dar la cara.Mi madrastra se había asustado un poco. Aunque yo era un menso, seguía teniendo algo de entendimiento, no era un idiota, y si sin querer lo soltaba, sí que no iba a poder volver a dar la cara.El padrastro también reconoció que tenía razón. Después de todo, yo no me quedaba en casa todo el tiempo, y si se me escapaba sin querer, les iba a crear problemas.Al escuchar eso, me alegré por d
En ese momento me puse muy caliente.Mi padrastro no me detuvo; al contrario, se puso más intenso, y mi madrastra empezó a temblar de arriba a abajo como si le estuvieran dando toques eléctricos.Mi madrastra quería detenerme, pero cada vez que intentaba abrir la boca yo aprovechaba para empujar más fuerte y ella ya no podía concentrarse en nada más.—Padrastro, esto está muy bueno, ¿parezco una anguila? Mira, estoy entrando al hueco —dije actuando muy contento. Empujé con fuerza...—¡Ah!Mi madrastra echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido largo y se vino a chorros, bañándole la cara a mi padrastro.—¡Madrastra hace cochinadas, madrastra mojó la cama! —Paré porque me dio miedo que se enojara conmigo, y empecé a hacerle muecas para burlarme de ella, y la dejé más avergonzada todavía.Mi madrastra le dijo a mi padrastro que fueran al baño o a otro cuarto, que estando yo ahí no podía soltarse, y que si seguía interrumpiéndose así no iban a poder terminar nada.Él le dijo que estaba
Mi madrastra por instinto quiso voltear, pero consciente del padrastro en la videollamada, aguantó mis movimientos y fingió que ella sola manejaba el aparato.No se había adaptado todavía. La vergüenza y el placer la golpearon al mismo tiempo, y su cuerpo entero empezó a temblar.Se le puso la cara roja, como manzana madura, tentadora.—Amor, tu esposo va a moverse… —Mi padrastro también se encendió con la imagen de Mariana y se puso manos a la obra.Al escuchar su voz, retomé el manejo del aparato. Mariana temblaba y jadeaba frente a la cámara, expuesta.Mariana casi no podía sostenerse, y el aparato se le resbaló por detrás, empapado. Lo recogí en silencio, me asomé frente a la cámara como si acabara de llegar y armé un berrinche para que jugara conmigo.—Cris, mm… esto es un juego de adultos, espérame un momento…Mariana parecía sumida en el mejor de los mundos: los ojos velados, los labios entreabiertos, jadeando.Yo me estaba muriendo por dentro. No iba a dejarlos disfrutar mientr
No pude evitar un escalofrío. No esperaba que mi madrastra fuera tan hábil.Respiraba sin parar, dejando escapar sonidos que me enloquecían.Yo también, igual que la vez anterior, empecé a mover mis dedos.Solo que esta vez mi madrastra no llevaba la licra de yoga; debajo de la falda no había nada,
Me acerqué a mi madrastra y seguí deslizando la mano sobre esa tela empapada. Era la primera vez que tocaba a una mujer ahí, y sentí curiosidad; la fui explorando, sintiendo lo suave y húmedo bajo mis dedos.Mi madrastra se ruborizó y tembló con cada toque, como un juguete que grita al menor contact
Años atrás, me golpeé la cabeza en un accidente de auto y me volví tonto. Mis padres se habían divorciado hacía tiempo y se fueron lejos; solo mi madrastra quiso cuidarme.Mi madrastra se llamaba Mariana Vega, la mejor amiga de mi mamá. Su piel era suave y blanca, su figura, sensual, y en cada movim







