La Capilla de la Luna de Sangre resplandecía con luz.Sobre el antiguo altar, dos copas de cristal aguardaban el rito sagrado. La luz de la luna de sangre se filtraba a través de los vitrales, proyectando un inquietante resplandor rojo sobre todas las cosas.—Princesa Rosalie de la Mansión Luna de Plata, Monarca Damien del Trono de Obsidiana, por favor, acérquense —la voz del Sumo Sacerdote era profunda y solemne.Justo entonces, mi tía Elara irrumpió. Llevaba un deslumbrante vestido púrpura y los ojos llenos de lágrimas de felicidad.—Mi querida sobrina —susurró, besando mi frente—. Que encuentres la verdadera felicidad.Dicho eso, Damien y yo nos colocamos lado a lado ante el altar.—Extiendan sus manos derechas —indicó el Sumo Sacerdote.Extendí la mano. La palma de Damien cubrió el dorso de la mía.Su mano era fría, pero firme.—Por el testimonio de la Luna de Sangre, por los antiguos votos que juramos…El Sumo Sacerdote comenzó a entonar las palabras sagradas del vínculo
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