Clara estaba inmovilizada contra el suelo, con los ojos muy abiertos por el terror. Pero Damien no la mató. Todavía no. Sus ojos albergaban algo mucho peor: la promesa de una venganza lenta y agonizante.—Tráiganme sus cosas —ordenó Damien con frialdad—. Todas.Los sirvientes se movieron al instante. Pronto, el teléfono de Clara, su computadora portátil, diarios y otros artículos personales se amontonaron en el salón.—No… por favor… no miren eso… —Clara forcejeaba, pero los sirvientes la sujetaban con firmeza.Damien tomó el teléfono y comenzó a desplazarse por él frente a todos. La pantalla se iluminó con fotos y registros de chat. La primera foto era de hace tres días. Clara, acostada en la cama, pálida, pero con una sonrisa triunfal. Hacía la señal de "V" de victoria. El texto decía: [Mi actuación es bastante buena, ¿verdad? Los tres idiotas cayeron por completo, ja, ja, ja.]Los puños de Ethan se apretaron tanto que sus uñas perforaron su piel. Damien siguió bajando,
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