El pasillo hasta la habitación parecía interminable. Ricardo caminaba despacio, como si cada paso le resultara demasiado pesado.Otávio y Estela le seguían de cerca, él rígido, ella en silencio y sollozando de vez en cuando.Cuando llegaron ante la puerta, el médico hizo un gesto discreto.—Está despierta, pero aún muy débil. Intenten evitar discusiones.—Por supuesto —respondió Ricardo con voz ronca.Respiró hondo y entró. La habitación estaba en penumbra.Vanessa estaba tumbada, conectada al gotero, con el pulso vendado. El pelo, siempre impecable, ahora revuelto, el rostro pálido… pero los ojos, cuando lo vieron, brillaron con una desesperación reconocible.—Ricardo… —susurró ella—. Has venido…Ricardo se acercó lentamente.—Estoy aquí.Vanessa levantó la mano sana, intentando tocarlo, como si necesitara comprobar que no era un espejismo.—Pensé que no vendrías… que me odiabas…—Vanessa, nadie te odia.—Pero te di motivos. —Cerró los ojos y las lágrimas le resbalaron por las mejill
Última actualización : 2026-07-08 Leer más