—Te queda muy poco tiempo. Despídete bien de tu familia.El tono del médico era suave, incluso compasivo, pero sus palabras me cayeron en el pecho como una roca.Aunque en el fondo ya había adivinado el resultado, cuando me dictaron aquella sentencia de muerte, las lágrimas se me escaparon igual.Tenía apenas veintiocho años. Para seguir viviendo, había luchado con todas mis fuerzas.Pero jamás imaginé que, después de tanto esperar, Alejandro me arrebataría el corazón compatible que por fin habían encontrado para mí. Se lo dio a Alicia, la falsa heredera de los García, que apenas padecía un problema cardíaco incipiente.Llegué aturdida a la habitación de Alicia, y lo primero que vi fue a mis padres, a Alejandro y a Enrique rodeándola, pendientes de ella, preguntándole a cada rato cómo se sentía.En cuanto me vio entrar, Alejandro dejó de inmediato el vaso con el que estaba dándole de beber y caminó hacia mí.—¿Qué te dijo el médico?Lo miré en silencio.Él apartó la vista al instante,
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