En la enfermería, Alexander yacía sobre la cama de piedra, con el rostro pálido como el papel.Lyla evitó su mirada y habló con solemnidad.—El veneno de plata ha devorado a tu lobo. Ha desaparecido. Nunca volverá.Él había sido alguna vez el orgullo de la manada, un gobernante capaz de desgarrar la noche misma. Ahora, no era más que una cáscara vacía, despojada de su espíritu.Alexander cerró los ojos con dolor, pero una sola figura apareció obstinadamente en su mente.No era su padre, actualmente aplastado por el peso de la presión del consejo. No era Lyla, quien acababa de dictar una sentencia cruel. Y definitivamente no era Stella, quien prácticamente le había arrebatado el alma con su daga.Era yo.Si tan solo me hubiera mirado una vez más en ese momento. Si no hubiera dado por sentada mi espera y mi amor. Si, cuando estuvo entre Stella y su responsabilidad, hubiera caminado hacia mí antes…Pero ningún arrepentimiento podía cambiar el presente.Ahora yacía allí, despojado
Read more