Después de aquella confesión pública, Lorenzo volvió a buscarme. Quería verme, como si todavía tuviera derecho a hacerlo.—Bella, sé que no quieres verme, pero… hay cosas que necesito decirte en persona.Le dije que no.Ya no quedaba nada en él que pudiera tocarme el corazón.Pero al día siguiente, justo cuando salía del edificio, todo ocurrió en un suspiro. Un auto perdió el control y se lanzó directo hacia mí, con un chillido violento de llantas.Y entonces… alguien me empujó.Un cuerpo chocó contra el mío con fuerza, arrojándome al suelo.¡PUM!El sonido fue seco, brutal. Él salió despedido, cayendo pesadamente, mientras la sangre comenzaba a extenderse bajo su cuerpo, oscura, inevitable.Los guardaespaldas de los Valenti reaccionaron al instante, rodeando el vehículo.La puerta se abrió de golpe e Isabella salió tambaleándose, con el cabello desordenado y la mirada completamente perdida. Había algo roto en ella… algo peligroso.—¡Arabella! ¡Todo esto es por tu culpa! ¡Maldita! ¡Me
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