Dominé el impulso con una voluntad de hierro. Damián apareció en el claro. Se veía destrozado. La barba le crecía descuidada y sus ojos, antes brillantes de mando, estaban hundidos y rodeados de sombras. Llevaba una túnica sencilla, sin los adornos de Alfa. Se detuvo en el centro del claro, justo donde una vez me prometió que nunca me dejaría sola. Se dejó caer de rodillas, golpeando la tierra con los puños. —¡Lia! —gritó, y su voz se quebró, llenando el bosque con un dolor tan puro que casi me hizo vacilar—. ¡Sé que estás ahí! ¡Siento tu odio! ¡Aparece y acaba conmigo de una vez! Bajé del árbol con un movimiento silencioso, aterrizando a unos metros de él. Damián se giró con la rapidez de un resorte, pero se quedó congelado al verme. La máscara de obsidiana, los cueros negros, las runas brillantes... no era la mujer que él recordaba. —Lia... —susurró, su voz apenas un hálito de esperanza y terror. Intentó acercarse, pero desenvainé mi espada de cristal en un parpadeo, la pu
Última actualización : 2026-04-09 Leer más