Las semanas en Suiza se convirtieron en una rutina extraña y asfixiante.La casa en las montañas era hermosa, pero para Lia se sentía cada vez más como una jaula dorada. Mateo, con casi seis meses, empezaba a gatear y a explorar. Quería tocar todo, reír con todo, pero Lia apenas lo dejaba alejarse de su vista. Cada vez que el bebé se movía hacia una ventana o una puerta, ella lo tomaba en brazos con el corazón acelerado.Alejandro trabajaba desde el despacho improvisado, pero pasaba la mayor parte del día con ellos. Redujo sus reuniones a lo mínimo y delegó casi todo en su vicepresidente de confianza. Aun así, la sombra de Camila seguía presente.Una tarde nevada, mientras Lia intentaba jugar con Mateo en la sala de juegos segura, el bebé gateó hacia la ventana y golpeó el vidrio con las manitas, riendo al ver los copos de nieve.Lia lo tomó rápidamente en brazos.—No, mi amor. No te acerques a la ventana.Mateo protestó con un lloriqueo, frustrado porque quería seguir explorando.Ale
Última atualização : 2026-04-12 Ler mais