Tiempo después:En el taller de la Pequeña Habana, la luz del amanecer apenas lograba filtrarse por las rendijas de la persiana metálica, tiñendo las líneas de comandos de la pantalla de un color gris mortecino.Alexander Miller había pasado días, casi sin moverse de la silla en la que trabajaba, apenas dormía, estaba completamente agotado y enfocado en su trabajo de quebrar a su padrastro por todos los flancos a fin de salvar a Helena y a su hijo.Sus dedos, rígidos por el cansancio y el dolor de las costillas rotas, seguían golpeando el teclado con una cadencia hipnótica. A su lado, los vasitos de café cubano vacío se acumulaban sobre la mesa repleta de cables.— Ya tenemos el control del primer nodo periférico, Alexander — anunció Mateo, ajustando un viejo aparato — Las cuentas de la distribuidora de cemento de los
Última actualización : 2026-05-25 Leer más