El grito de Alexander se ahogó en la inmensidad del Atlántico.No hubo dudas, no hubo estrategias ni espacio para el miedo.El dolor punzante en su cabeza desapareció, sepultado por una descarga de adrenalina.Sin soltar la pis*tola, Alex soltó el timón de la lancha que zozobraba y, con un movimiento fluido y desesperado, se arrojó de cabeza al abismo líquido que acababa de tragarse a su mujer.El impacto contra el agua helada fue como chocar contra un muro de piedra.La oscuridad submarina era total, una masa densa y violenta que lo empujaba hacia abajo. Alex abrió los ojos bajo el agua salada, ignorando el ardor, buscando desesperadamente cualquier rastro de la silueta de Helena.La corriente la arrastraba con rapidez hacia las profundidades, el vestido húmedo pesaba como el plomo sobre su cuerpo exhausto.Alex pateó con furia salvaje, rompiendo la resistencia del mar. Sus brazos se abrieron paso en la penumbra hasta que sus dedos rozaron la tela flotante y, finalmente, la piel fría
Última actualización : 2026-06-24 Leer más