ELENA El amanecer en las montañas de Canadá no trajo luz, sino una penumbra grisácea que se filtraba a través de las cortinas pesadas. El té que Alaric me había preparado horas antes reposaba intacto y frío sobre la mesita de noche, una metáfora perfecta de lo que quedaba de nuestro matrimonio. No había podido pegar un ojo en toda la madrugada. Cada vez que cerraba los párpados, la voz de esa mujer, Anesha, resonaba en mi cabeza: «Tu hija, Analía, extraña a su papá».A las siete de la mañana, Alaric se vistió en silencio. Lo observé de reojo, fingiendo un sueño pesado sin ganas de despertar mientras él se colocaba el abrigo pesado y revisaba sus armas. Se inclinó sobre la cama, depositando un beso en mi frente que me supo a pura traición.—Tengo que salir a revisar el perímetro con los hombres —susurró, su voz intentando emular la calidez de siempre—. La tormenta bloqueó el acceso sur y los camiones logísticos están varados. No tardaré. Quédate en la cama y descansa te amo, lo
Última atualização : 2026-05-18 Ler mais