Mónica estaba frente a la puerta de madera de la oficina de Diego. Sus manos temblaban por una furia incontenible. Intentó girar el pomo, pero la puerta no cedió.Cerrada por dentro.Mónica pegó el oído a la madera, pero solo percibió un silencio asfixiante. —¡Maldita sea! —maldijo entre dientes, golpeando el suelo con su tacón—. ¿Cómo puede cerrar la puerta? ¡Debería haber echado a esa mujer a patadas!Con el rostro encendido de rabia, corrió hacia su oficina. Una vez dentro, dio un portazo y llamó a sus hombres. —Váyanse de la ciudad ahora mismo. El plan se arruinó. El resto de su pago será transferido en diez minutos. ¡Desaparezcan!Tras colgar, se desplomó en su silla, masajeándose las sienes. Estaba desconcertada y asqueada. —Debería haber sido perfecto —susurró—. Elena atrapada en el almacén con otro hombre, con la ropa desgarrada... Diego, que cuida tanto su dignidad, debería haberse asqueado al verla. Debería odiarla.Mónica se levantó y miró por el ventanal, con la respiració
Última actualización : 2026-05-11 Leer más