El último día de trabajo, la realidad me golpeó de frente al cerrar la puerta de la oficina. Nadie me llamó de vuelta. No hubo un «Paulina, un momento», ni pendientes de última hora, ni llamadas de emergencia. Solo el eco de mis propios pasos alejándose por el pasillo y una extraña sensación de vacío flotando en el pecho. Por primera vez en años, no tenía una meta inmediata, un correo que responder o un informe que entregar. ¿Qué se supone que hace una mujer como yo cuando el tiempo le sobra?Buscando que la alegría de otros alimentara la mía, llamé a mis amigos. Alejandra, mi única aliada incondicional en Guatemala, casi rompe el auricular de la emoción al saber que regresaba a instalarme definitivamente. Se ofreció de inmediato a buscar apartamento conmigo, pero le conté que la empresa ya me había resuelto la estancia inicial: dos meses en una propiedad corporativa en Zona 15 mientras me acomodaba.—¿Él ya lo sabe? —soltó de pronto, cambiando el tono a uno mucho más bajo y confiden
Última actualización : 2026-08-23 Leer más