El Teatro Real no respiraba; contenía el aliento. Bajo la majestuosa cúpula bañada en pan de oro y las lámparas de cristal que proyectaban destellos dorados sobre miles de asistentes, la atmósfera estaba cargada de una expectación casi mística. Las entradas se habían agotado en cuestión de segundos semanas atrás, atrayendo a una multitud heterogénea jamás vista en ese recinto: críticos de música clásica en riguroso esmoquin, jóvenes con chaquetas de cuero del Distrito Sur, productores de vanguardia y estudiantes de conservatorio que abarrotaban los palcos superiores.En el escenario, iluminado por una luz cenital azul pálido, no había una orquesta tradicional. En el centro destacaba la figura de Valeria, ataviada con un vestido fluido color plata que contrastaba con la madera oscura de su violín. A su derecha, rodeado por una estructura semicircular de sintetizadores análogos, consolas de mezclas, pedales de efecto y una caja de ritmos de diseño personalizado, estaba Dante. Vestía un
Última actualización : 2026-09-02 Leer más