La mansión los recibió pasadas las once y media, con las luces del vestíbulo demasiado blancas para la hora.Clara no habló durante el trayecto. Leonardo tampoco. El corredor de salida de la gala los había dejado dentro de un armisticio frágil, de esos que se sostienen mientras nadie se atreve a nombrarlos. Afuera, la ciudad avanzaba detrás del cristal con su indiferencia nocturna: luces, movimiento, personas que no sabían nada de ellos y no necesitaban saberlo.Dentro del auto, en cambio, el silencio tenía cuerpo.Clara aún sentía en la mano el recuerdo de la de Leonardo. No como una caricia, porque no había sido eso. Tampoco como una simple actuación, porque si hubiera sido solo eso, no seguiría pensando en el modo en que él cruzó la sala después de la humillación, en la firmeza de sus dedos, en la forma en que se colocó a su lado sin pedir aplausos ni permiso. Había algo peor que no saber si un gesto era falso: empezar a temer que una parte hubiera sido verdadera.Leonardo miraba al
Última actualización : 2026-05-30 Leer más