Caricia Villarreal no creía en las coincidencias. Creía en jerarquías, en sangre, en derecho. Y durante años, había vivido con la certeza absoluta de que todo lo que pertenecía al apellido Villarreal terminaría, tarde o temprano, en sus manos. No por ambición desmedida —eso era lo que ella decía—, sino por preparación. Había sido educada para eso. Entrenada. Moldeada.Por eso, cuando Esmeralda apareció como una sombra arrancada del pasado, todo en su mundo dejó de tener orden.La observó en silencio desde el otro extremo del salón aquella tarde, mientras los directivos abandonaban la sala tras la reunión. No había sido una derrota abierta, pero tampoco una victoria. Y eso, para Caricia, era intolerable. Porque no había nada más peligroso que alguien que no juega con las mismas reglas.Esmeralda no se veía intimidada. No buscaba aprobación. No necesitaba pertenecer.Y eso… era lo que más le molestaba.—Así que tú eres la famosa “heredera” —dijo finalmente, acercándose con una elegancia
Última actualización : 2026-05-02 Leer más