El frío del aire acondicionado del piso 42 pareció congelar la sangre en las venas de Emilio.August Devereux no estaba solo. A los costados del imponente escritorio de caoba, tres hombres con trajes oscuros y posturas militares mantenían las manos cruzadas al frente, ocultando las armas cortas que abultaban sus chaquetas. El cristal del ventanal, que ofrecía una vista panorámica de toda la zona hotelera de Cancún y el mar Caribe tiñéndose de rosa por el amanecer, reflejaba la escena como un espejo implacable.Ricardo dio un paso al frente, pero se detuvo cuando uno de los guardias colocó la mano sobre su cadera. Su mandíbula se tensó, reconociendo que, por primera vez, su estrategia logística había sido rebasada.—¿Cómo entraste aquí, August? —la voz de Ricardo resonó baja, peligrosa—. La seguridad de este edificio responde directamente a mis códigos.August ni siquiera levantó la vista del documento amarillento que tenía extendido sobre la mesa. Con parsimonia, enroscó la tapa
Última actualización : 2026-06-24 Leer más