Salí del hotel con el corazón martilleando contra mis costillas, una mezcla de euforia residual y terror puro. El frío de la madrugada neoyorquina calaba mis huesos, pero el calor que el Lobo había dejado en mi piel todavía se sentía como una marca invisible, un secreto tatuado en mi alma. Caminé rápido, casi corriendo, esquivando los charcos que reflejaban las luces de neón que empezaban a apagarse. Sabía que cada segundo contaba. Si lograba llegar a la estación de tren o perderme en el anonimato de la gran ciudad, tal vez, solo tal vez, el contrato de los Al-Fayed se convertiría en humo.Doblé en una esquina, buscando la boca del metro más cercana, pero el destino no estaba de mi parte. Un frenazo seco de neumáticos sobre el pavimento mojado me hizo saltar. Dos camionetas negras, idénticas a las que me habían llevado al aeropuerto, me cerraron el paso.—Señorita Amira, el paseo ha terminado —dijo una voz fría y profesional.No tuve tiempo de gritar. Cuatro hombres bajaron con la pre
Última atualização : 2026-05-09 Ler mais