— Dominic Rossi, qué demonios... — Empecé en tono de advertencia, aunque irónicamente en ese momento pudiera hacer todo, menos amenazarlo.La persona encadenada era yo, no él.— Mañana te lo diré. — Me prometió en tono seductor, persuasivo. Y, como un listillo, bajó su mano por mi cuerpo, desviando mi atención. — Hoy tengo otras cosas en mente.Jadeé ligeramente.— No pienses que voy a olvidar esto. — Avisé.— No cuento con ello.— Mañana. — Insistí.— Mañana. — Aceptó.No era la respuesta detallada que quería, pero me pareció suficiente por ahora. No me mentía.Así que acepté, y me centré solo en las esposas. Mandé la razón al infierno.— Las esposas ya las esperaba, ¿pero esa maldita aguja? — Pregunté tratando de sonar gruñona, pero eso solo arrancó una gran sonrisa de él.— Sé que te gustó la aguja, mi amor. — Me respondió quitándose el traje sin ninguna prisa, hasta que reveló la camisa social blanca que apenas podía ocultar sus músculos. — Puedes negarlo, pero sé que te excitó.V
Última atualização : 2026-07-27 Ler mais