Valentina no dijo nada más; aguantándose las ganas, armó la casa de campaña conmigo. Ese roce de hacía un rato también me había dejado caliente, casi sin poder aguantarme. Mientras montaba la tienda, contuve como pude la presión que sentía abajo y apenas logré armarla.Apenas me recosté cómodo, Darío entró a mi tienda de campaña abrazando a una mujer; todavía tenía manchas de labial en los labios.—Iván, ¿todavía no haces nada? Ya casi está lista la carne asada, apúrate.Le sonreí con esfuerzo y le dije:—Espero a que oscurezca, si no…Darío captó lo que quería decir. Después de que se fue, entraron varias mujeres más, todas con cuerpazos; se recostaron a mi lado, muertas de ganas. Aproveché para meterles mano; cada cuerpo era distinto, más firme, más suave, más grande o más chico.Lo importante era que a todas les encantaba que las tocara y lo disfrutaban sin disimulo.Pero en ese momento solo tenía a Valentina en la cabeza y esperaba con ansias que cayera la noche; entonces sí podría
اقرأ المزيد