La casa, que apenas unas horas antes había parecido un templo de orden, se sentía ahora como un campo de batalla silencioso. Tras la llamada de Federico, la decepción de Mateo y Sofía fue una oleada que me golpeó sin misericordia. Mateo, con su temperamento de ocho años ya definido, se encerró en su cuarto con un portazo seco, y Sofía, aunque más pequeña, no ocultó sus lágrimas al ver que la promesa de su padre se disolvía en la nada.—Vamos, mis amores —dije, entrando en la habitación de Mateo y sintiendo un nudo en la garganta—. Yo los llevo por ese helado. Podemos ir a nuestra heladería favorita, la del parque, ¿qué les parece?Mateo ni siquiera levantó la vista de su consola.—No es lo mismo, mamá. Papá prometió que él nos llevaría porque me saqué el diez. Si vamos contigo, no tiene chiste.Sentí una punzada de dolor, más aguda que la del rechazo de Federico. Intenté con Sofía, ofreciéndoles una noche de películas y palomitas, un momento de refugio en medio del caos, pero ambos re
Última atualização : 2026-06-03 Ler mais