El reloj de la pared del piso treinta marcó las seis de la tarde del viernes con un clic metálico que, para Elena, sonó como el disparo de salida de una carrera por la supervivencia.Había pasado la semana entera sometida a la mirada escrutadora de la prensa, a la hostilidad apenas velada de Valeria en la oficina y a las gélidas cenas en la mansión Valtieri, donde cada palabra de Isabella y Lorenzo parecía esconder una trampa diseñada para hacerla tropezar. Pero había resistido. El viernes, finalmente, había llegado y, con él, la cláusula que le concedía unas horas de libertad.Apagó el monitor de su escritorio y tomó su pequeño bolso de viaje.La puerta del despacho principal estaba entreabierta. Adrián permanecía de pie junto a su escritorio, firmando una pila de autorizaciones. Al escuchar el movimiento de Elena, detuvo la pluma y levantó la mirada. Llevaba el saco desabotonado y la corbata ligeramente aflojada, un sutil indicio del agotamiento acumulado durante la semana, pero sus
Last Updated : 2026-09-06 Read more