Susan se metió en la cama sin decir una palabra más. Mansa como un cordero, admitió furiosa, pero el heroísmo ante la adversidad no le habría traído recompensa alguna. Habría sido otra dosis de humillación, se recordó.Minutos después, Leo la alcanzó.—¡No! —exclamó por encima del hombro.—Si no te callas —susurró Leo con voz sedosa, atrayéndola hacia sí con manos fuertes y firmes—, olvidaré que alguna vez hice semejante sacrificio al dejarte aquí tumbada sin que nadie me tocara…Dejó de respirar. El calor de su cuerpo, la increíble intimidad que sentía contra su cuerpo tembloroso, le advirtió que Leo no bromeaba… estaba muy excitado. Extendiendo la mano, apagó la luz. Ardiente como el infierno, se quedó allí tumbada en la oscuridad. “Y si no puedes dejar de moverte de esa manera tan maravillosamente estimulante, será mejor que empieces a rezar…”Apenas respirando y sin moverse, yacía allí, luchando contra el calor sofocante que la envolvía y la punzada de excitación que le oprimía e
Última actualización : 2026-07-19 Leer más