Logré adaptarme rápido al pueblo; por fortuna, encontré muy buenos vecinos. Conseguí empleo en un banco local y, aunque la paga era un poco menor que en mi anterior trabajo, nos alcanzaba perfectamente para cubrir los gastos. Contraté a una niñera para que cuidara a mi hijo Alan —a quien llamé así en honor a mi padre, su abuelo— siempre bajo la supervisión de mi abuela, que se mantenía al pendiente de todo en la casa.Algunos fines de semana, mis padres venían a visitarnos; se quedaban varios días con nosotras y, de vez en cuando, nos ayudaban económicamente con algunos gastos extras.Los siguientes cuatro años pasaron rápido. Alan creció y se convirtió en un niño muy inteligente y apuesto, con los mismos rasgos de su padre: sus mismos hoyuelos en las mejillas, su cabello castaño claro y sus ojos claros. Cada vez que lo miraba, me resultaba imposible no recordar a Sebastián.Un fin de semana, mientras mi abuela horneaba las galletas de chocolate favoritas de mi hijo, yo ayudaba a Alan
Última actualización : 2026-08-15 Leer más