—Pensé que seguías enojada y que no vendrías —dijo Lucía con una sonrisa—. No culpes a mi familia, se preocuparon de más y por eso ocurrieron esos malentendidos. Qué bueno que viniste hoy, aprovechemos para presentártelos y aclarar las cosas.Me tomó del brazo con total naturalidad, nos llevó ante la multitud y dijo alegremente:—¡Miren quién llegó!En un segundo, todas las miradas se clavaron en mi presencia. Valerio, Diego y Sara me vieron, y sus sonrisas se congelaron al instante.—Ella es mi amiga Sara. Trabaja en el área de psiquiatría de su hospital, seguro ya se conocen, ¿verdad? —agregó Lucía.—Dra. Dolores, buenas tardes... —Sara parpadeó dubitativa y habló con tono distante, como si fuera nuestro primer encuentro.Lucía no notó nada extraño e hizo que me acercara a Diego:—Y él es Diego, mi amigo de la universidad. Fue el abogado tonto que la demandó, pero ya le di su merecido. Dra. Dolores, por favor no se lo tome a mal.—Eliana... —murmuró Diego con la mirada esquiva y una
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