INICIAR SESIÓN
—Perdóname, fui yo quien acabó con la vida de nuestro hijo —se lamentó entre sollozos, mientras se propinaba una bofetada tras otra en el rostro—. Lo siento, de verdad lo siento, Eliana... Fui un miserable. Dame otra oportunidad, por favor. Quiero... quiero compensarte por todo.Los últimos destellos del atardecer se filtraban en la habitación, posándose sobre la figura deshecha de Valerio.Aquella imagen me devolvió inevitablemente al día en que nos conocimos. También fue en el hospital. En aquel entonces, con una desesperación serena en los ojos, me tomó de la mano y me dijo: "Dra. Dolores, no se preocupe. Si no logra curarme, no pasa nada."Yo acababa de regresar al país tras prestar servicio en los hospitales de campaña. La juventud siempre viene acompañada de determinación y certeza. Sonreí y le respondí: "Se equivoca, tengo la certeza absoluta de que voy a salvarlo."Sin embargo, jamás imaginé que su afección cardíaca fuera tan compleja. Las constantes notificaciones de estado cr
Cuando sintió el dolor punzante en la espalda, Sara al fin entendió a qué se refería Eliana cuando le dijo: "Diego heredó en cierta medida la frialdad y la crueldad de mi padre. Sara, por lo que más quieras, jamás actúes con el corazón por delante."También comprendió, demasiado tarde, los buenos deseos de Eliana cuando intentó oponerse a que se casara precipitadamente con un miembro de la familia Dolores: "Sara, no puedo impedirte que busques tu propia felicidad y tu amor. Pero solo quiero dejarte algo claro: pase lo que pase, voy a estar de tu lado, aunque esa persona sea mi hermano."En aquel momento, cegada por la insensatez, pensó que Eliana simplemente la despreciaba, creyendo que la rechazaba por ser una huérfana abandonada por sus padres que no merecía cruzar el umbral de los Dolores.Aquel rencor echó raíces en su interior. Se fue hundiendo cada vez más hondo hasta desencadenar el desastre irreversible de hoy.Quedó tendida en el suelo; el dolor desgarrador de la herida en la
"¿El bebé es realmente tuyo y de Valerio? Lucía, ¡dime la verdad!""¿Y qué si es de él o no? ¡Nosotros terminamos hace mucho tiempo, Diego! ¡No pienses que lo ocurrido esa noche te da derecho a separarnos a Valerio y a mí!""¡Pero si ya me hice la prueba de ADN! El bebé es hijo mío, Lucía. Ya traicioné a Eliana en tu favor, ¿ahora también vas a hacer que pierda a mi propio hijo?""¡Estuvimos juntos seis años, seis años enteros! Lucía, no puedes mostrar semejante frialdad..."Apenas unas cuantas frases dejaban al descubierto todo el historial de amor y odio entre los dos.La última escena de la grabación mostraba cómo Diego arrastraba con fuerza a Lucía hacia la sala de depósito al fondo del pasillo.Por eso ni siquiera escucharon los llantos del recién nacido en la habitación. Mucho menos supieron que el bebé estuvo a punto de asfixiarse de tanto llorar, y que si no hubiera sido porque una enfermera pasó por ahí y lo llevó a urgencias, no habría sobrevivido.Sara apretaba la pantalla d
"Eliana Dolores, embarazo intrauterino de dos semanas, aborto espontáneo por traumatismo."Valerio dejó la mirada clavada en las palabras. Sintió un vértigo repentino que casi lo hace perder el equilibrio.Diego se acercó a leer el informe y el rostro se le puso pálido al instante.—¿Eliana estaba embarazada? Entonces la sangre del suelo...Al oírlo, Sara se quedó de una pieza. Miró hacia abajo, fija en la enorme mancha roja que aún no se secaba en el piso, y las manos le empezaron a temblar sin control. "¿Acaso acababa de matar a un hijo que aún no nacía? Un ser que no solo era de su amiga, sino también sobrino de su esposo", pensó aterrada.—Yo... solo me dejé llevar por la desesperación. A cualquiera le pasa si pierde a un hijo —dijo, intentando justificarse—. Además, ¿por qué no nos dijo que estaba embarazada? No puede ser. Ella es médica, no le pasaría algo así tan fácil. ¡Seguro falsificó este informe para engañarnos!Al mencionar al bebé, Lucía miró a Diego de reojo con un toque
Al día siguiente, Valerio regresó a casa tras recibir la notificación del portal inmobiliario sobre la venta del departamento.Me sujetó con fuerza por los hombros mientras empacaba mis cosas:—Eliana, ¿qué significa esto? ¿Vendiste nuestro hogar? ¿Acaso perdiste el juicio?Toda la rabia reprimida estalló de golpe. Solté una carcajada fría y, sin pensarlo, le asesté una bofetada en el rostro.¿Hogar? Todavía tenía el descaro de decir esa palabra.—¿Te divierte tomarme por imbécil, Valerio?La marca de mis cinco dedos se tornó roja de inmediato, pero él no pareció molestarse. Al contrario, suavizó la voz como solía hacer después de una pelea:—¿Ya? ¿Con eso se te pasó la rabia? Admito que estuvo mal engañarte, pero llevamos siete años juntos, ¿cómo podemos cortar de la noche a la mañana? Te entregué mi vida entera, ¿cómo crees que sería capaz de traicionarte de verdad?No quería seguir escuchando sus palabras hipócritas y me di la vuelta para marcharme. Pero Valerio me cortó el paso y,
Entre los sollozos desconsolados de Lucía, Sara me sujetó del brazo llena de furia.Me arrastró hasta la sala de descanso en el piso de arriba.Este lugar solía ser el refugio secreto entre Valerio y yo. Por su cercanía al hospital, cuando salía agotada de alguna cirugía, él siempre me traía aquí para tomar aire fresco. Sabiendo que a menudo olvidaba comer por el trabajo, preparaba aperitivos y los guardaba en recipientes térmicos. Sabiendo que padecía del cuello, compró un sillón de masaje y lo instaló en el salón.Aquella ternura minuciosa me hizo creer en su momento que eso era el amor.Pero ahora, el sitio se había transformado en una habitación infantil. Cunas por doquier, un cambiador de pañales, juguetes por todas partes. Habían borrado por completo cualquier rastro de nuestra existencia.—Lo que siente por Lucía es amor real —dijo Sara—. En cuanto a ti, solo confundió la gratitud de haberses salvado de ese soplo en el corazón con amor.Me quedé helada.—¿Qué quieres decir?No d







