—Sí, quiero —dijo Pavel con voz profunda y seductora, cargada de una seguridad que hizo estremecer a todos en la sala.Alessia, en cambio, tenía la mente en blanco. Los nervios le oprimían el pecho y le nublaban el pensamiento. El sacerdote repitió la pregunta con amabilidad, y entonces Pavel le apretó la mano con firmeza, devolviéndola al presente.—Sí… sí, lo hago —respondió finalmente, con un hilo de voz.El sacerdote asintió y, con solemnidad, les pidió que declararan sus votos ante Dios.Ambos se giraron para mirarse de frente. Por primera vez, Alessia levantó la vista y encontró los ojos de Pavel. Estaban encendidos, ardían con una emoción intensa que no supo cómo nombrar. Era una mezcla de deseo, poder, posesión… y algo más que aún no podía descifrar.Entonces Pavel habló, con una voz que resonó clara y dominante:—Yo, Pavel Beranov, te tomo a ti, Alessia Bianchi, como mi esposa. Prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad, en los buenos tiempos y en los malos. Te amaré y
Última actualización : 2026-09-02 Leer más