
Cansada de Siete Años de DramaFinn, mi novio mafioso, siempre peleaba con Amanda, su amiga de la infancia.
Para mi cumpleaños, ella me regaló un mini vibrador.
—Toma. Por si llegan a una segunda ronda. Nadie conoce su resistencia mejor que yo.
Finn le lanzó un frasco de base de maquillaje.
—Ponte un poco más. Tal vez así alguien quiera tocarte.
Salieron empujándose entre sí y dieron un portazo. Las velas del pastel se consumieron por completo mientras yo permanecía sola, sentada frente a la mesa.
La primera vez que nuestras familias se reunieron para una cena formal, Amanda sonrió y deslizó un pequeño frasco de lubricante hacia Finn.
—Toma. Así la pobre no sufrirá tanto.
La expresión de Finn se volvió sombría.
—Mejor eso que quedarte llorando todas las noches abrazada a una almohada corporal.
Esta vez, Finn preparó unas vacaciones en una isla privada.
Un amigo en común me dijo en secreto que Finn planeaba pedirme matrimonio al atardecer, en un acantilado.
Tras siete años de espera, creí que por fin había llegado el momento. La meta ya estaba a mi alcance.
Me arreglé con esmero, me puse mi vestido más caro y caminé hacia el helipuerto. Abrí la puerta del helicóptero.
Amanda ya ocupaba el asiento del copiloto. Arqueó una ceja al verme.
—Chloe, llegaste. Soy claustrofóbica, así que no te importa si me siento adelante, ¿verdad?
Finn, con las manos en los controles, giró la cabeza hacia mí.
—Chloe, siéntate atrás. Me preocupa que le dé uno de sus berrinches y empiece a arañar y morder. Nos arruinaría el viaje.
No alcancé a responder; Amanda ya estaba discutiendo con él.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Crees que soy una carga?
—No es la primera vez que lo pienso. ¿Por qué hoy haces tanto drama?
La forma en que se respondían era tan natural que parecía un libreto ensayado mil veces.
En ese instante, todo el cansancio acumulado durante los últimos siete años me invadió.
Y, por primera vez, comprendí que ya no quería decirle que sí cuando me pidiera matrimonio.