INICIAR SESIÓNPara complacer a Silas Blackthorn, cedí mi puesto de Luna seis veces. La primera vez, destrocé todas las lámparas de piedra lunar de la habitación y tiré su ropa bajo la lluvia. La segunda vez, lloré hasta dejar a mi loba afónica. Le preguntaba por qué tenía que ser yo quien se mantuviera a un lado. La tercera vez, le rogué que dejara al menos una maleta, pues me aterrorizaba la idea de que no regresara jamás. Cuando sucedió por quinta vez, ya había aprendido a doblar sus abrigos, prepararle el equipaje y guardar silencio para evitar su furia. Siempre me besaba la frente y juraba: —Siete días. Te prometo que será la última vez. Siempre creí en su palabra. Hasta la sexta vez. Cuando Silas me pidió que me hiciera a un lado de nuevo, le deslicé unos papeles en su escritorio sin que se diera cuenta. Firmó sin ver la portada si quiera, asumiendo que se trataba de otro formulario temporal para autorizar a una Luna sustituta. Él estaba tan ocupado pensando en esa otra hembra que no se dio cuenta de que firmó su propia condena. Para entonces, yo ya había planificado todo y él no lo sabía...
Ver másEn todo el camino hacia el territorio de la manada Vance, me estuve arrepintiendo de haber ido con él. Ese territorio quedaba al norte de Blackthorn y era tres veces más grande que el de la manada de Hale.Las enredaderas lunares subían por los muros de piedra de la casa principal. Los adornos de plata negra del portón brillaban bajo la luna y en lo alto ondeaba la bandera de la manada, con la insignia de un lobo plateado aullándole a la luna llena.Yo ya había estado en otros territorios de Alfas con Silas, pero, en comparación, la casa de Kael hacía que la de él pareciera un simple puesto de avanzada.—¿Qué pasa? —me preguntó Kael, de lo más relajado.Me llevé una mano al pecho.—Nada. Solo que me asusta tanta riqueza.Él se rio.—Tranquila. Viene muchísima gente de la familia, y la mayoría ni siquiera ha pisado este lugar. Tú solo sígueme. Eres mi compañera y nadie va a decir nada por eso.Le creí. Lo que menos me esperaba era encontrarme a Silas ahí. Kael me había asegurado
Desde ese día, Kael y yo nos volvimos inseparables. Freya me vivía reclamando que había superado a Silas demasiado rápido.—Obvio —le contesté—. ¿Para qué me voy a quedar estancada con alguien del pasado? El vínculo ya se rompió y mi loba por fin es libre.Freya me agarró por el cuello, jugando a la indignada.—¿Y quién está hablando de Silas? —me reclamó en broma.Me eché a reír y me liberé de su agarre.—Más tarde chismeamos un rato —prometí—. Hoy tengo planes con Kael en el lago.Freya se tiró en el sillón con un suspiro dramático.—Este mundo es muy cruel... —se quejó.Pero se despidió de mí con una sonrisa y un adiós con la mano. Ella era la que más quería verme bien. Cuando vio que ya estaba rehaciendo mi vida, me dijo que quería regresar al territorio Blackthorn para cerrar sus propios asuntos. Kael le ofreció trabajo y le consiguió un apartamento para que no tuviera que cruzarse con Iris. En cuanto Freya volviera, no iba a tener que lidiar nunca más con esa loca.A Fre
Freya entregó su apartamento a una agencia sin dudarlo, dejándoles a ellos el acoso de Iris. Empacó sus cosas a toda prisa y compró un pasaje de tren. Una semana después, nos encontramos en la estación del territorio de Hale.Mamá sonrió de oreja a oreja al verla.—Llegas justo a tiempo para sacar a Calla. Lleva tanto tiempo encerrada aquí que está a punto de criar moho —comentó.Freya, con su actitud juguetona de siempre, aceptó.Pero subestimé su rapidez. En menos de tres días conocía el territorio mejor que yo, a pesar de mis dos semanas de estadía. De algún modo, conoció a un montón de lobos jóvenes de la manada y encontró la forma de arrastrarme a reuniones distintas cada día.—¿Alguien que valga la pena para nuestra Calla? —inquirió Freya con entusiasmo al presentarme—. Necesita salir de las sombras.Alguien alzó la voz:—Entonces tiene que ser Kael. Pueden sanarse el uno al otro, ¿verdad, Kael?Todos voltearon a ver a un mismo punto, y un lobo se empezó a abrir paso entr
Apenas aterricé, saqué un número nuevo y cambié todas mis redes sociales. Corté comunicación con todo el mundo, menos con Freya.Volví al territorio de la manada de Hale, la tierra donde crecí y donde todavía estaban mis papás y mi gente.A mi mamá no le gustaba nada verme tirada en el sillón, pasándome las horas viendo videos en el celular y sonriendo como una idiota.—Sal un rato. ¿Qué haces aquí encerrada todos los días?—Ya desperdicié demasiados años con Silas, creo que con eso tengo —le contesté, jugando.Ella apoyó su frente contra la mía mientras me regañaba, pero terminó dejándome un platito con rebanadas de fruta lunar. La abracé por la cintura y le hice un puchero.—Los tengo a papá y a ti para cuidarme. Por eso me siento tan segura de volver, solo porque ustedes están aquí.Mamá puso los ojos en blanco.—Eres demasiado dulce —me dijo con ternura.Llevaba años esperando mi regreso porque conocía la fragilidad de mi vínculo con Silas, ese ciclo interminable de ceder,






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