¿Cómo Enseñar Poemas Para Niños En Educación Infantil?
En clase de infantil quiero que los poemas gusten, no aburran. ¿Cómo hacer actividades con rimas infantiles que enganchen y no parezcan una lección? Me preocupa que sea muy académico.
2026-07-21 15:57:13
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En infantil, lo mejor es usar poemas cortos, con ritmo y mucha repetición, para que puedan memorizarlos y jugar con las palabras. Las rimas con animales o acciones cotidianas suelen funcionar muy bien, y acompañarlas con gestos o dibujos hace que conecten al instante. Por cierto, eso me recuerda una historia que encontré, 'Le Enseñé a Decirle Adiós a Su Padre', donde justamente un personaje usa la poesía de una manera muy tierna y concreta para explicarle algo complejo a un niño, mostrando cómo las metáforas simples pueden ayudar a procesar emociones difíciles.
2026-07-22 00:34:36
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LuzTema
Lector
Traductor
Tengo una bolsa de 'objetos poéticos'. Meto cosas sin valor aparente: un botón viejo, un trozo de lazo, una llave oxidada, una piña. Saco uno al azar y entre todos inventamos un poema o una frase poética sobre él. 'Esta llave abre la jaula del viento'. 'Este botón es el ojo de la tormenta'. El objeto tangible sirve de ancla para la imaginación desbordante. Es un ejercicio que combina el tacto, la vista y la invención lingüística. Los resultados suelen ser sorprendentes y les demuestra que la poesía puede nacer de cualquier cosa, por ordinaria que parezca.
2026-07-23 00:33:29
9
Kate
Amigo lector
Contadora
Me encanta cuando un poema logra que los niños empiecen a moverse sin darse cuenta; esa magia es mi punto de partida. Suelo elegir rimas cortas y llenas de imágenes sensoriales —palabras que huelan, suenen o se puedan tocar— para engancharles desde el primer verso. Empiezo con un gesto claro o un ritmo palmoteado y repito varias veces la misma estrofa para que la memoria auditiva haga su trabajo: poco a poco la frase se queda y el cuerpo responde antes que la mente.
A continuación, transformo el poema en juego. Uso títeres, fichas ilustradas o una caja sorpresa con objetos que aparecen en el texto; así los peques relacionan palabra y experiencia. Hago preguntas abiertas del tipo «¿qué crees que siente este personaje?» y les dejo dramatizar en parejas, dibujar la escena o inventar el final. También alterno voces —susurro, voz grave, voz alta— y añado movimientos repetitivos que faciliten el ritmo, como saltos suaves o toque de piernas. Eso ayuda a niños con distintas habilidades a participar.
Para cerrar, convierto el aprendizaje en ritual: un poema habitual a la mañana o antes de la siesta ancla el lenguaje y crea seguridad. Grabo versiones cortas para que las familias las escuchen en casa, y propongo mini-libros ilustrados hechos por los propios niños para reforzar la lectura emergente. Me quedo con la sensación de que un buen poema no solo enseña palabras, sino que construye comunidad y cariño; verles recitarlo con orgullo es lo que me motiva a seguir probando cosas nuevas.
2026-07-23 09:41:07
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LupeSanz
Informador
Periodista
La memorización forzada es el enemigo. En cambio, uso la técnica de la 'poesía acumulativa'. Empiezo recitando una línea muy simple con un gesto. Al día siguiente, repito esa línea con el gesto y añado otra. Es como un juego de memoria corporal y oral. Sin presiones, sin exámenes. Al cabo de una semana, sorprendentemente, todo el grupo recita el poema completo, acompañado de una coreografía de gestos que ellos mismos han ido sugiriendo. La propiedad que sienten sobre el texto aprendido así es total. No es mi poema, es nuestro poema. Y eso cambia completamente la relación con el verso.
2026-07-23 21:42:18
6
Zane
Voz lectora
Médica
Mi truco favorito es transformar un poema en una pequeña obra de teatro de diez minutos para que la palabra cobre cuerpo, gestos y objetos. Elijo textos con imágenes claras y ritmo marcado, y reparto roles muy sencillos: uno repite el estribillo, otro hace los sonidos, otro dibuja mientras el grupo actúa. Así se combinan expresión oral, motricidad y creatividad en una misma actividad.
Incluyo siempre una parte sensorial: telas, juguetes, pequeñas campanas o cáscaras para el sonido, porque tocar o ver lo que se nombra facilita la comprensión. Además, trabajo la repetición en distintos tonos y velocidades para que los niños internalicen la cadencia y amplíen su vocabulario sin presión. Termino con una mini-exposición de dibujos o con una grabación en voz baja para que cada niño escuche su participación; eso refuerza la autoestima y convierte el poema en recuerdo. Creo que el mejor indicador de éxito es cuando lo repiten en el patio sin que nadie les pida nada: entonces sé que el poema ya es suyo.
2026-07-25 01:09:19
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Aprendiendo el significado del amor
Dinkelita
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Sunan es el rey demonio , hace 500 años perdio a su madre en una guerra, su padre lo cuido y entreno hasta que tomo el reyno , esta esperando encontrar su destinado y tener una bonita historia de amor como la de su madre y padre.
Klahan el menor de los hermanos Sitwat es omega/lobo, es muy inocente y dulce. Es el niño favorito no solo de sus padres y hermanos, tambien de la manada.
Que pasara cuando ellos se encuentren..........
Mientras hacía prácticas de manejo con el papá de mi amiga, me salió con que tenía que aprender sentada encima de él.
El camino estaba lleno de baches, y yo no dejaba de subir y bajar sobre él; era imposible no sentir algo caliente y duro apretado contra mi trasero, a punto de entrar en acción, frotándose contra mi entrepierna al ritmo de mis movimientos.
Me pasaba las manos por todo el cuerpo, con el pretexto de que me estaba ayudando a controlarme. Hasta que me metió los dedos y sentí una humedad inconfundible ahí abajo.
Entonces lo supe. Todo estaba por salirse de control.
—Quiero que tú y yo hagamos una demostración de la noche de bodas, para enseñarle a mi hijo cómo estar con una mujer. Es un cerebrito que no entiende nada, y ya está a punto de casarse.
¡No lo podía creer! La guapa mamá de mi amigo quería que hiciéramos juntos una demostración para enseñarle a mi amigo cómo consumar la noche de bodas…!
Acepté cambiarme de escuela para acompañar a mi amigo de la infancia, que supuestamente estaba siendo acosado.
Pero un día antes de sellar la solicitud… él se arrepintió.
Su amigo se burló:
—Te la jugaste bien, ¿eh? Fingiste ser víctima del acoso todo este tiempo solo para engañar a Camila Herrera y hacer que se fuera.
—Ella creció contigo, ¿de verdad puedes dejar que vaya sola a una escuela desconocida?
Con una voz fría, Diego Sarmiento respondió:
—Solo es otra escuela en la misma ciudad. ¿Qué tan lejos podría ir?
—Además, me cansa tenerla pegada todo el día. Así está mejor.
Ese día estuve mucho rato parada fuera de la puerta, hasta que al final decidí dar media vuelta.
Solo que, en mi solicitud de transferencia, cambié el Colegio San Rafael de Marisia
por el internado en el extranjero al que mis padres querían enviarme.
Al final, todos parecían olvidarlo:
él y yo, desde el principio, pertenecíamos a mundos completamente distintos.
—Ay sí… sí… qué rico…
En el dormitorio de chicas, la muchacha desnuda dejó escapar un sonido parecido a un sollozo. Arqueó el cuerpo delicado hacia adelante, apretó la sábana con las dos manos y se quedó tiesa.
La abracé con fuerza hasta que se desplomó sobre la cama sin fuerzas.
Y en ese momento giré la cabeza y me crucé con la mirada de su compañera de cuarto.
Aquella chica también tenía la cara encendida de vergüenza. Su mano se movía al ritmo de mis embestidas, complaciéndose a sí misma, como si fuera ella a la que yo estuviera cogiendo…
En mi vida pasada, a escondidas vertí una Poción de Amor en la copa de mi compañero destinado, Jason Green, el Alfa de mi manada, y, tal como esperaba, se enamoró de mí.
Celebramos la ceremonia de vínculo más grandiosa en la historia de la manada y nos convertimos en la pareja que todos envidiaban.
El efecto de la Poción de Amor duraba siete años, pero yo, ingenua, creí que eso bastaría para ganarme su corazón de verdad.
Pero Lilian Foster, la amiga de la infancia de Jason, cambió su propia lengua con una bruja del mercado negro a cambio del antídoto.
En cuanto la verdad salió a la luz, el amor en los ojos de Jason se volvió un odio que me atravesó hasta los huesos. Sin perder tiempo, me vendió al mercado negro como sujeto vivo para experimentos y me obligó a beber un Frasco de Hechizo Corrosivo. Se me pudrió todo por dentro y morí de puro dolor.
Ahora, he vuelto atrás en el tiempo, sosteniendo una vez más esa misma botella de Poción de Amor.
Sin embargo, esta vez no dudé y me la bebí toda de un solo trago.
«Jason, no volveré a rogar por tu amor. Me amaré a mí misma», me juré.
Por eso , no pude evitar sorprenderme cuando fue él quien acabó arrepintiéndose.
Recuerdo aquellas rimas que pegaban como chicle en la memoria y que ahora veo como herramientas increíbles para enseñar inglés. En mis sesiones con niños pequeños suelo usar canciones y poemas como «Twinkle Twinkle Little Star», «Baa Baa Black Sheep» y «Humpty Dumpty» porque combinan vocabulario básico con ritmo claro; eso ayuda muchísimo a la memoria auditiva. Me gusta dividir la actividad en tres partes: primero canto para que los niños escuchen el patrón; luego repetimos en coro con gestos; y al final hacemos una mini-actividad (dibujar la palabra, buscar la imagen, o dramatizar una estrofa).
Además incluyo rimas con conteo como «Five Little Ducks» o «Five Little Monkeys» para trabajar números y secuencias, y movimientos corporales con «Head, Shoulders, Knees and Toes» para enseñar partes del cuerpo. Uso versiones ilustradas y vídeos animados cortos para mantener la atención y adaptar el ritmo según el grupo. Ver a los chicos repetir líneas con confianza y luego inventar versos propios siempre me deja una sonrisa: es increíble cómo una rima sencilla abre la puerta al idioma.
Me sorprende cuánto puede cambiar la actitud de un niño cuando se le enseña a mirar más allá de sí mismo. He visto en patios y aulas cómo pequeños gestos —prestar un juguete, consolar a un compañero, esperar el turno— empiezan a florecer cuando el entorno lo refuerza. En mi experiencia, el altruismo no aparece por arte de magia: se cultiva con ejemplos claros, reglas que fomentan la cooperación y actividades prácticas donde ayudar tiene sentido para el grupo. Juegos cooperativos, proyectos de clase en los que todos dependen unos de otros y cuentos que desarrollan la imaginación moral son claves; cuando un niño vive la experiencia de que ayudar mejora la actividad colectiva, interioriza ese valor.
También me fijo en el papel de los adultos: no basta con decir «comparte», hace falta modelar empatía y nombrar emociones. Frases explícitas como «veo que a Juan le duele, ¿cómo podríamos ayudar?» son más efectivas que castigos o recompensas vacías. Además, el refuerzo social —elogios sinceros, reconocimiento en grupo— solidifica la conducta altruista. He observado además que las rutinas diarias, el cuidado mutuo y responsabilidades pequeñas (regar plantas, cuidar material) contribuyen a una ética práctica de ayuda.
En definitiva, creo que la educación infantil puede fomentar el altruismo de forma real y duradera, siempre que sea intencional, constante y esté alineada con lo que los niños viven en casa y en la comunidad. Personalmente me alegra ver cómo pequeños ejercicios se convierten con el tiempo en hábitos de respeto y apoyo mutuo.