5 Respuestas2026-01-06 07:35:49
Me fascina cómo los filósofos griegos han dejado una huella imborrable en España, especialmente en áreas como la educación y la política. Pensadores como Sócrates, Platón y Aristóteles influyeron en figuras españolas desde la Edad Media hasta la Ilustración. Sus ideas sobre ética, democracia y razón se filtraron en obras de escritores como Quevedo y en debates universitarios.
Hoy, su legado persiste en currículos académicos y en la manera en que abordamos temas como la justicia. No es casualidad que muchas plazas españolas tengan estatuas de filósofos griegos; son un recordatorio de que su sabiduría sigue viva aquí.
3 Respuestas2026-02-02 19:46:30
Recuerdo cuando me lancé a rastrear cursos y bibliotecas para entender mejor a los presocráticos; fue un mapa que me abrió muchas puertas en España.
Yo buscaría primero en las facultades de Filosofía y en las de Filología Clásica de las grandes universidades: la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Barcelona, la Universidad de Salamanca y la Universidad Autónoma de Madrid suelen tener asignaturas y seminarios dedicados a filosofía antigua y textos griegos. Además, los departamentos de clásicas en Granada, Sevilla y Valencia organizan con cierta frecuencia cursos, coloquios y lecturas grupales sobre fragmentos presocráticos. Si te interesa algo más especializado, revisa la oferta de másteres y programas de doctorado en filosofía antigua o estudios clásicos: ahí suelen impartirse seminarios donde se trabaja con los textos en griego y con la bibliografía secundaria.
Para recursos prácticos, aprovecho siempre las bibliotecas universitarias y la Biblioteca Nacional; es sorprendente la cantidad de ediciones críticas y artículos que encontrarás. Complementan muy bien los cursos de verano, por ejemplo los de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) o las escuelas de verano de algunas universidades locales. También conviene seguir los grupos de investigación y las jornadas organizadas por el CSIC y las revistas españolas de filosofía antigua.
En lo personal, combinar clases presenciales con lecturas en ediciones como «Diels-Kranz» y recursos digitales (Perseus, PhilPapers, JSTOR, Stanford Encyclopedia para contexto) me ha funcionado: aprendes el contexto histórico-lingüístico y, a la vez, vas construyendo tu propia interpretación de los fragmentos. Al final, lo que más me enganchó fue la mezcla de filología, historia y pensamiento que exige estudiar a los presocráticos.
3 Respuestas2026-01-31 08:43:44
Si hoy me preguntas quién está marcando la agenda filosófica en España en 2024, yo diría que Marina Garcés tiene un peso enorme entre los jóvenes y los movimientos culturales.
Con treinta y pocos años y una mochila de lecturas indie, la manera en que yo veo a Marina es como a una amiga que te explica por qué la filosofía no es un museo: sus textos y conferencias —pienso en «Filosofía inacabada» y «Un mundo común»— conectan con la urgencia política y la vida cotidiana de quienes ven la política desde la calle y las redes. Ella habla de acción colectiva, de pensar para transformar, y eso cala hondo en estudiantes, activistas y jóvenes profesionales que quieren más que teoría abstracta.
También me llama la atención cómo su presencia intelectual ha ayudado a darle forma a debates sobre democracia, precariedad y commoning. No es la única voz, claro, pero en 2024 su influencia se nota especialmente en círculos universitarios y en proyectos culturales independientes. Personalmente me inspira que la filosofía pueda ser herramienta de cambio y conversación, y Garcés lo ejemplifica sin pretensiones académicas rígidas.
3 Respuestas2026-01-31 05:21:48
Me fascina ver cómo los libros de filosofía española vuelven a ocupar estantes y debates en redes: eso se nota en las librerías y en las recomendaciones de amigos.
Si buscas algo que explique la modernidad española y sus tensiones políticas, te recomiendo empezar por «La rebelión de las masas» de José Ortega y Gasset; su estilo directo y su diagnóstico sobre masas y élites sigue sonando actual cuando se habla de democracia y redes sociales. Para lecturas más íntimas y existenciales, «Del sentimiento trágico de la vida» de Miguel de Unamuno sigue siendo un imán: muchos jóvenes lo buscan ahora por su mezcla de fe, duda y tragedia personal. Por otro lado, las voces femeninas están ganando espacio: «La agonía de Europa» de María Zambrano reaparece en cursos y clubes por su prosa poética y su reflexión sobre el barro europeo tras guerras y migraciones.
En lo práctico y divulgativo, Fernando Savater con «Ética para Amador» y Adela Cortina con «Ética mínima» siguen en tendencia porque acercan la ética a problemas cotidianos —gestión pública, convivencia, educación— y aparecen en debates y podcasts. También se discute a Gustavo Bueno y sus ensayos críticos sobre religión y nación, sobre todo en contextos académicos más polarizados. Si te gustan las listas, alterno lectura entre ensayo clásico y autor contemporáneo para no saturarme; te dejo con la curiosidad de abrir al menos uno de estos títulos y comprobar por qué están de moda hoy.
3 Respuestas2026-01-31 04:34:24
Me llama la atención cómo la presencia en redes ha convertido a ciertos pensadores en figuras públicas mucho más accesibles de lo que eran antes.
En mi caso, al seguir debates culturales y éticos, la voz que más aparece es la de Fernando Savater. Su mezcla de claridad, provocación y capacidad para entrar en temas de actualidad —más allá de la academia— le ha granjeado una audiencia grande en plataformas como X (antes Twitter) y Facebook. Además, libros como «Ética para Amador» le dieron una base de lectores que luego se tradujo en seguidores en redes; muchas de sus intervenciones públicas y columnas son compartidas con frecuencia, lo que amplifica su alcance.
No obstante, no puedo dejar de pensar en otros nombres que compiten por visibilidad: Daniel Innerarity, con una presencia fuerte en círculos intelectuales y buena recepción en Twitter y LinkedIn; y Rafael Argullol o otros pensadores que aparecen en medios tradicionales. Si sumas la influencia en prensa, apariciones en tertulias y la actividad en redes, Savater suele aparecer como el más seguido entre los filósofos españoles contemporáneos, aunque los números exactos varían con el tiempo y la plataforma. En definitiva, lo que más valoro es que estas voces fomenten debate público y lectura, y eso se nota en el ruido que generan online.
1 Respuestas2026-02-15 03:06:16
Me encanta pensar en por qué una figura tan enigmática como Hermes Trismegisto logró encender la chispa creativa en tantos filósofos a lo largo de los siglos. Yo veo a Hermes como una especie de puente: su leyenda mezcla a Thoth egipcio y al Hermes griego, y los textos atribuidos a él, especialmente el «Corpus Hermeticum» y la famosa «Tabula Smaragdina», ofrecían una voz antigua y autoritativa que parecía resumir verdades universales. Esa mezcla de autoridad antigua y misterio atraía a quienes buscaban algo más profundo que la simple especulación académica: prometía conocimiento vivo, transformación interior y una cosmología donde la mente humana podía reflejar lo divino.
Hay un segundo aspecto que siempre me ha parecido crucial: el contenido mismo de los escritos herméticos. Hablan de la unidad del cosmos, de la correspondencia entre macrocosmos y microcosmos («Como es arriba, es abajo»), de la idea del Nous o la Mente universal y de la posibilidad de ascender espiritualmente mediante conocimiento y purificación. Para un filósofo, especialmente en contextos donde la filosofía se cruza con la teología y la mística, esas ideas ofrecían un andamiaje metafísico potente: podían reconciliar elementos platónicos, neoplatónicos y hasta algunas intuiciones estoicas en una narrativa que no solo explicaba el mundo, sino que daba un camino para transformarse. Esa promesa práctica —conocimiento que salva o ilumina— fue irresistible para muchos pensadores.
Además, la forma y el tono de los textos herméticos son muy seductores. Están escritos a menudo como diálogos íntimos, revelaciones secretas, discursos que atribuyen sabiduría directa de lo divino a un maestro humano. Yo siento que ese formato refuerza la autoridad: no es filosofía como mera discusión académica, sino como experiencia transmitida. Durante el Renacimiento, esa autoridad fue revalorizada: pensadores como Marsilio Ficino, Pico della Mirandola y otros vieron en los hermetismos una fuente primaria de sabiduría prístina, anterior incluso a la corrupción posterior de las religiones. Esa idea de recuperar una fuente original de verdad impulsó tanto estudios esotéricos como interrogantes que acabarían animando debates sobre ciencia, religión y magia.
Finalmente, la influencia práctica en disciplinas como la alquimia, la astrología y la magia natural hizo que Hermes no fuera solo un texto de filosofía abstracta, sino una cantera de técnicas e imágenes que los pensadores podían experimentar. Yo puedo imaginar a un filósofo fascinado no por la mera coherencia teórica, sino por la promesa de un saber que transforma la materia, interpreta los signos celestes y ofrece símbolos ricos para pensar la relación entre el hombre y el cosmos. Por todo esto —autoridad mítica, contenido metafísico atractivo, formato revelador y conexión con prácticas transformadoras— los escritos herméticos encendieron la imaginación filosófica y siguieron siendo una fuente de inspiración durante siglos, llamando tanto a la razón como a la sed de misterio que todos llevamos dentro.
3 Respuestas2025-12-30 04:10:08
Los filósofos presocráticos son fascinantes porque sentaron las bases de todo el pensamiento occidental. Tales de Mileto es considerado el primero, con su idea de que el agua es el principio de todas las cosas. Anaximandro habló del «ápeiron», lo indefinido, mientras que Anaxímenes propuso el aire como elemento primordial. Heráclito, con su famoso «todo fluye», y Parménides, quien insistía en la permanencia del ser, representan posturas opuestas sobre el cambio.
Empédocles introdujo la teoría de los cuatro elementos (agua, fuego, tierra, aire) y las fuerzas de amor y odio. Pitágoras, más conocido por su teorema, creía que los números eran la esencia de la realidad. Demócrito y Leucipo desarrollaron el atomismo, una idea sorprendentemente moderna. Estos pensadores, aunque diversos, compartían la búsqueda de un principio universal. Leer sus fragmentos es como asomarse al nacimiento de la razón.
3 Respuestas2026-02-02 01:22:26
Siempre me ha fascinado cómo los primeros pensadores griegos intentaron ordenar el mundo con ideas que hoy siguen sonando vivas. En mi lectura de esos fragmentos me salto entre nombres y conceptos: Thales apuntó al agua como principio vital; Anaximandro inventó el «ápeiron», lo indefinido, como origen; Anaxímenes bajó al aire y la rarefacción/condensación. Estas propuestas me parecen casi poéticas, cada una tratando de atrapar la trama del cosmos con una sola clave.
Luego vienen los que cambiaron el tono: Pitágoras puso a los números en el centro, casi como si la música del universo fuera matemática; Heráclito proclamó el flujo constante —todo fluye— y me hace pensar en ríos y cambios; Parménides, por contraste, defendió la inmovilidad del ser, la unidad eterna. Esa tensión entre cambio y permanencia aún me atrae cuando medito sobre cualquier historia o juego que revise el paso del tiempo.
No puedo dejar afuera a Empédocles y Anaxágoras: el primero con sus cuatro raíces (tierra, agua, aire, fuego) y fuerzas del amor y la discordia; el segundo con el «nous», la mente ordenadora. Y claro, los atomistas —Leucipo y Demócrito— que imaginaron el vacío y los átomos, una intuición que parece prefigurar la ciencia moderna. Me encanta cómo cada uno propone una metáfora distinta para lo mismo: el mundo. Al final, lo que más valoro es esa mezcla de imaginación y rigor, caminos que todavía inspiran mi curiosidad.