Me fascina cómo la historia personal de ciertos actores explica tanto de sus papeles; en el caso de Vincent Schiavelli, esa historia comienza en Brooklyn. Nació en Brooklyn, Nueva York, el 11 de
noviembre de 1948, en una familia de raíces sicilianas que marcó mucho su identidad y las pasiones que cultivó fuera de la pantalla. Ese trasfondo italoamericano se siente en las anécdotas que contó sobre comida, pueblo y memoria, y más tarde lo llevó incluso a
vivir parte del tiempo en Sicilia.
En cuanto a su formación, Schiavelli se formó en Nueva York: estudió actuación y se involucró en talleres y compañías teatrales de la ciudad, aprovechando la escena teatral y académica para pulir su oficio antes de dar el salto al cine. Esa mezcla de educación formal y aprendizaje en la práctica le permitió convertirse en un actor de carácter con un currículum amplio en teatro, cine y televisión. Su singular presencia física y su habilidad para transformar papeles le valieron trabajos memorables, desde «One Flew Over the Cuckoo's Nest» hasta colaboraciones con directores como Miloš Forman y Tim Burton.
Me queda la impresión de que su educación fue menos sobre diplomas y más sobre absorber la
cultura teatral de Nueva York, sus profesores, compañeros y proyectos; y que esa experiencia lo acompañó
toda la vida, tanto en sus interpretaciones como en sus
escritos sobre sus orígenes sicilianos. Esa mezcla de formación y experiencia práctica me parece una lección: a veces la escuela está en los escenarios y en la ciudad que te rodea, y Vincent la aprovechó al máximo.