INICIAR SESIÓNMi esposo, Vincent Corleone, el Don de la familia Corleone, fue atacado durante una transacción de armas. Cuando despertó, recordaba a todos… menos a mí. Frente a todos, anunció que Angela Romano era su verdadera Donna y la puso temporalmente al frente del proyecto “Rosa de Ébano”. Pero yo los oí coquetear en la armería. —Te presto el puesto de Donna por siete días. En esos siete días, ¿me vas a dejar hacer contigo todo lo que quiera? —Claro. Solo fingí haber perdido la memoria para complacerte. Me quedé escondida entre las sombras, clavándome las uñas en la palma, pero no los expuse. Al día siguiente, en la reunión familiar, Vincent me arrancó a la fuerza el anillo de obsidiana del dedo. Gritó que Angela era su verdadera Donna, me ordenó largarme y entregar todos mis planos de diseño. Todos los hombres de la familia me miraban, esperando que me resistiera. Ni siquiera me inmuté. En ese mismo instante, renuncié y pedí el divorcio. Lo que Vincent no sabía era que solo yo dominaba el desarrollo y ensamblaje de ese lote de armas personalizadas, y que para la entrega apenas quedaban siete días. Siete días después, cuando el cargamento empezó a presentar fallas y la familia quedó al borde del desastre, yo ya había desaparecido sin dejar rastro. Cuando volvimos a vernos, Vincent me sujetó del brazo, fuera de sí, y me exigió: —Valentina, ¿adónde vas? ¿Por qué me abandonaste? Yo lo miré sin expresión. —Señor, ¿quién es usted? ¿Acaso nos conocemos?
Ver másDespués de resolver lo de Sophia Bellini, esa misma noche desaparecí por completo de la vida de Vincent.No me llevé nada, salvo lo que yo misma había llevado cuando llegué.Luego encontré una nueva mansión, con su propio olivar. Cada mañana podaba las rosas y, al atardecer, limpiaba mis armas en la terraza. Mis días se volvieron tranquilos y hermosos.Más tarde supe que, para tapar el agujero que había dejado el negocio de armas, Vincent tuvo que cederle tres terrenos de la familia a una facción local.Pero la otra parte no quedó satisfecha.Y lo peor fue que, después de mi partida, más de veinte subordinados que llevaban años trabajando conmigo presentaron también su renuncia. Incluso los ancianos de la familia empezaron a quejarse.Ahora Vincent andaba hecho un trompo. De día tenía que ir al consejo de la familia a aguantar los cuestionamientos de esos ancianos.De noche, todavía debía correr al muelle a beber y pedir perdón una y otra vez.Escuché que pasó tres días sin pegar ojo.
Al escuchar mi negativa, Vincent se vio contra las cuerdas.Pero en ese momento ya no tenía otra salida, así que hizo llamar a Angela y la puso delante de mí.—Todo este lío lo armaste tú. Ahora mismo vas a disculparte con Valentina y aquí se acaba todo.Aunque no quería, Angela frunció los labios, todavía sin querer dar el brazo a torcer.—¿Y por qué tendría que pedirle perdón yo?De inmediato, Vincent frunció el ceño y su voz sonó amenazante.—Angela, deja de comportarte como una niña. No olvides quién te ha dado todos estos años una vida de lujo. ¿O ya no quieres ese sedán blindado?Al oír lo del sedán blindado, los ojos de Angela se iluminaron al instante. Solo entonces me lanzó una mirada de mala gana y masculló:—Perdón. ¿Contenta?No imaginaba que Vincent pudiera ser tan generoso con ella, capaz de regalarle hasta un sedán blindado de edición limitada.En cambio, cuando yo me compré una Browning personalizada con el dinero que había ganado desarrollando armas a medida, él se pas
—Además, ¿y qué si solo arruiné un negocio? No sería la primera vez. ¿Y esa cara por qué me la pones?Vincent apretó la culata de la pistola con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.Pero Angela, con los ojos enrojecidos, seguía haciéndose la víctima y la ofendida. Se puso a echarme en cara, uno tras otro, todos los desastres del pasado.Y al oírla, por fin se me despejó aquella duda que llevaba tanto tiempo clavada en el pecho.El año pasado, un lote de armas que yo misma había desarrollado y supervisado acabó convertido en pura chatarra, sin potencia ni para disparar bien.En aquel momento, Vincent me echó toda la culpa encima. Me gritó que ni siquiera era capaz de vigilar un cargamento y que no servía para nada más que para arruinar las cosas.Pero yo había revisado ese lote tres veces antes de dejar que Angela lo enviara.Quién iba a pensar que esa idiota, antes de entregarlo, borró el registro de materiales correcto y, como no se atrevió a preguntarme, fue directo
Vincent apretó el puro entre los dedos y frunció el ceño con fuerza. De pronto, giró la cabeza hacia Angela.—¿Qué carajos pasó? Tú misma estuviste al frente de este lote. ¿Por qué salió todo mal?Los negocios de la familia siempre habían estado bajo mi control. Él solo ostentaba el título de Don.Hacía apenas un momento que había elogiado a Angela, diciendo que era capaz y que me daba mil vueltas. Pero no había pasado ni un rato cuando estalló un problema enorme.Como nunca se había enfrentado a algo así, Vincent empezó a ponerse nervioso.Angela tampoco esperaba que las cosas terminaran así. Del susto, hasta se le crisparon las comisuras de la boca. Aun así, se empeñó en quitarse la culpa de encima.—¡Lo que desarrollé no tuvo ningún problema! ¡Me partí el alma durante varios días para terminarlo! Seguro que querían quedarse con el negocio y por eso ahora intentan echarme la culpa. Además, nuestra familia no le agacha la cabeza a nadie. ¿O qué, acaso vamos a tenerles miedo? En el peo






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