El recuerdo que tengo de esa presentación en España es directo: fue en Barcelona, en el Museu Marítim. No fue un lanzamiento en una sala corriente, sino en un espacio que respira mar y que, por eso, encajó perfectamente con las historias de navegación que trajeron. La presentación no se limitó a imágenes bonitas; Schurmann explicó problemas técnicos, decisiones de ruta y momentos de tensión que, dentro de ese museo, adquirían un matiz casi documental y vivencial.
Para mí, esa elección de lugar refuerza la idea de que una expedición no es solo datos o paisajes, sino una suma de memoria, historia y oficio; salir del museo esa noche me dejó la sensación de haber asistido a algo íntimo y didáctico a la vez, y con ganas de leer más sobre sus futuras travesías.
Recuerdo con nitidez la noche en que fui a ver la charla: él presentó su última expedición en el Museu Marítim de Barcelona. Fue una velada muy marítima, con proyecciones de vídeo, mapas proyectados en la pared y anécdotas sobre navegación que mantuvieron al público pegado a la butaca. La sala, con ese olor a madera y salitre que inventa la memoria, encajaba perfecto con la historia de una tripulación y un barco superando adversidades. Para quienes amamos las historias de mar, el escenario no pudo ser más apropiado.
No todo fue técnica; Schurmann mezcló datos duros con relatos personales y eso hizo que la presentación brillara. Hubo tiempo para preguntas, fotos y firmas, y ese ambiente cercano transformó un evento informativo en una pequeña celebración comunitaria. Salí de allí con ganas de navegar, de buscar documentales similares y de recomendárselo a amigos. En lo personal, me quedó la impresión de que escoger el Museu Marítim no fue casualidad: es un lugar que suma contexto, historia y estética al relato, y para una expedición lo convierte en algo vivo y compartido.
Tengo claro el sitio donde lo vi anunciado y me acerqué: fue en Barcelona, concretamente en el Museu Marítim. Me llamó la atención que eligieran un museo tan ligado al mundo naval para presentar la expedición; le dio una credibilidad y una atmósfera distintas a lo que verías en una sala de conferencias convencional. La puesta en escena aprovechó las piezas y el fondo histórico, así que la narrativa no sólo venía de la pantalla, sino también del entorno.
La charla combinó imágenes aéreas, fragmentos del diario de abordo y explicaciones sobre la logística del viaje. Había aficionados, familias y gente del sector, y se notaba que la programación buscaba conectar distintas audiencias. Al terminar me quedé conversando con otras personas sobre las rutas que mostraron y sobre el equipo humano detrás de la expedición; para mí fue una experiencia muy completa, donde el lugar sumó mucho al relato.
2026-07-20 13:58:48
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La séptima vez que Simón Narváez faltó a nuestra cita para registrar el matrimonio, corté todo vínculo con él de forma radical.
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No fue hasta esa séptima vez en el registro civil, cuando una vez más me dejó esperando sola, que finalmente abrí los ojos.
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Me encanta rastrear las historias de marineros y exploradores, y con David Schurmann la línea entre cine, expedición y libro se vuelve borrosa. Tras indagar en lo que está disponible públicamente, no encuentro evidencia clara de que David haya publicado varios libros impresos dedicados exclusivamente a sus viajes en barco bajo su nombre como autor principal. Lo que sí aparece con fuerza son sus relatos en formatos audiovisuales, crónicas en blogs y materiales publicados por la propia familia Schurmann, además de reportajes y artículos en revistas de viaje y náutica.
Si buscas algo en papel, lo más frecuente es encontrar libros y publicaciones colectivas sobre las travesías de la familia Schurmann, en los que David suele aportar fotos, textos o testimonios, y también hay cuadernos de bitácora, folletos de expedición y ediciones limitadas vinculadas a campañas específicas. Mi recomendación práctica: revisa la web oficial de la familia o del proyecto, el catálogo de la Biblioteca Nacional de Brasil y buscadores como WorldCat o Amazon Brasil; allí verás si hay ediciones en papel, libros colaborativos o recopilaciones donde figure su nombre. Personalmente me atrae más seguir sus documentales y las bitácoras online, porque transmiten la sensación de estar en cubierta con ellos.
Me alegró enterarme de que Diego Sztulwark presentó su último libro en Madrid, concretamente en la Casa de América. Fui siguiendo la cobertura y las reseñas y se habló mucho de la atmósfera: un público atento, preguntas incisivas y una conversación que navegó entre teoría y experiencia. La Casa de América, con su mezcla de solemnidad y cercanía, le dio un marco muy apropiado a un autor que suele moverse entre el ensayo crítico y la reflexión cultural.
Recuerdo imaginar la sala con las butacas llenas, la intervención de Sztulwark leyendo fragmentos y el diálogo con alguien invitado por la editorial; todo eso genera una sensación de comunidad intelectual que me encanta encontrar en Madrid. Ese tipo de presentaciones no solo sirven para vender un libro, sino para activar una conversación más amplia sobre los temas que propone el autor. Salí con la impresión de que la elección del lugar fue acertada: Casa de América pone en valor tanto la proyección iberoamericana como el diálogo público, y para una figura como Sztulwark esa visibilidad añade peso y alcance a sus propuestas.
Me emociona hablar de esto porque las historias del mar siempre me han llegado al corazón. Llevo años siguiendo a la familia Schurmann y a David en particular, y lo que más destaco es que sus producciones marinas no solo buscan espectáculo: suelen combinar aventura, conservación y una narrativa humana que encanta a jurados y públicos. A lo largo de su carrera, sus documentales y series vinculadas al mar han obtenido reconocimientos en festivales de cine documental y encuentros ambientales, donde suelen premiar tanto la calidad técnica como el mensaje de protección oceánica.
He visto que sus trabajos han recibido premios del público, menciones especiales del jurado y galardones a mejor documental en ciclos regionales y especializados en temas marinos. Además, muchas de sus piezas han sido seleccionadas como proyecciones oficiales en festivales internacionales, lo que a veces se traduce en nominaciones y distinciones por dirección, fotografía y montaje. Más allá de trofeos, también han venido reconocimientos por parte de organizaciones ambientales y educativas que valoran el impacto social de sus expediciones.
En lo personal, me parece que esos premios reflejan algo importante: la capacidad de transformar una aventura en una herramienta para concienciar. Y viendo su trayectoria, es lógico que siga cosechando reconocimientos en circuitos interesados en el mar y la exploración, porque conecta bien con públicos de todas las edades.