4 Respuestas2026-07-01 18:14:19
Siempre me ha parecido inquietante la manera en que Milgram armó su experimento para mostrar hasta qué punto la gente obedece a la autoridad.
Primero, reclutó participantes mediante un anuncio, diciendo que participarían en un estudio sobre memoria y aprendizaje; en realidad los asignaba al rol de «maestro» de forma aleatoria, mientras que el «alumno» era un cómplice del equipo (el famoso señor Wallace). El «maestro» debía leer pares de palabras y, cada vez que el «alumno» fallaba, aplicar lo que parecía ser una descarga eléctrica creciente en una máquina que iba de 15 a 450 voltios, con etiquetas que iban desde ‘‘leve’’ hasta ‘‘peligro: descarga’’.
Los gritos y protestas del «alumno» eran grabaciones, y un experimentador con bata (la figura de autoridad) dirigía la sesión y empujaba al participante con frases estándar como ‘‘por favor continúe’’ o ‘‘el experimento lo requiere’’. En la condición estándar, cerca del 65% de los participantes llegaron al voltaje máximo. Milgram no se quedó ahí: repitió el procedimiento variando condiciones (la cercanía del «alumno», la presencia del experimentador, el prestigio del lugar) para ver cómo cambiaba la obediencia. Es inquietante y fascinante a la vez, y esos detalles muestran cuán sistemático fue su enfoque.
4 Respuestas2026-07-01 14:47:21
Me fascina lo radical que fue el experimento de Milgram para su época y cómo todavía hace ruido en conversaciones sobre moralidad y poder.
Recuerdo leer «Obedience to Authority» y quedarme pegado a la idea de que gente común, sin rasgos psicopáticos evidentes, podía ejecutar órdenes dañinas por la sola presencia de una figura legítima. Eso cambió la manera en que entendí los comportamientos sociales: dejó claro que la situación puede empujar mucho más que el carácter individual. En las aulas y charlas se usa como ejemplo de cómo la estructura y la autoridad moldean decisiones que parecen incomprensibles a primera vista.
Además de su impacto teórico, el experimento detonó reformas prácticas: impulsó comités de ética, consentimiento informado y límites en cómo se manipula a sujetos. También abrió debates sobre la validez: ¿eran los participantes actuando por demanda social? ¿eran resultados replicables? Estudios posteriores como la réplica parcial de Burger en 2009 sugieren que la tendencia a obedecer persiste, aunque con matices. En conclusión, creo que Milgram no sólo cambió la psicología social: la hizo mirar hacia afuera, a las estructuras y contextos, y eso sigue siendo fundamental hoy.
4 Respuestas2026-07-01 01:28:28
Siempre me ha fascinado cómo pequeños experimentos pueden abrir debates enormes sobre la naturaleza humana.
Yo sé que el estudio de Milgram de 1961 fue dirigido por Stanley Milgram, quien trabajaba en la Universidad de Yale. El experimento buscaba medir hasta qué punto la gente obedecería órdenes de una figura de autoridad, incluso cuando esas órdenes implicaban aplicar supuestos choques eléctricos a otra persona. Los participantes, que creían ser “profesores”, administraban descargas cada vez mayores al “aprendiz” (un actor), mientras un experimentador en bata les instaba a continuar.
Lo que siempre me impacta es esa mezcla de sorpresa y reconocimiento: muchos participantes obedecieron hasta niveles peligrosos porque la autoridad lo exigía. Esa dirección de Milgram marcó un antes y un después en la psicología experimental y en cómo pensamos sobre la ética en la investigación. Me deja reflexionando sobre lo fácil que a veces es ceder ante la presión institucional y lo importante que es mantener el pensamiento crítico.
4 Respuestas2026-07-01 06:46:41
Hace años que discuto con colegas sobre si el «Experimento de Milgram» fue éticamente justificable, y mi postura se ha ido matizando: reconozco su valor científico, pero no puedo ignorar las críticas legítimas que recibió.
Por un lado, el mayor reproche fue el uso sistemático del engaño: los participantes creían que estaban aplicando descargas eléctricas reales a otra persona, lo que vulneró su derecho a una información veraz antes de aceptar participar. Ese engaño va unido a otra queja importante, la falta de un consentimiento verdaderamente informado y claro sobre los riesgos psicológicos posibles. Además, muchos sujetos mostraron señales evidentes de estrés —llantos, temblores, conflictos morales— y la supervisión no siempre pareció suficiente para protegerlos.
Aun así, hay que recordar que Milgram realizó desbriefings y seguimientos que, según él, minimizaron daños a largo plazo. Eso no elimina las preocupaciones éticas, pero ayuda a entender por qué el experimento se mantuvo en la historia. En mi opinión, el estudio cambió normas y provocó regulaciones más estrictas que hoy nos protegen como participantes, y eso es una mejora tangible que surgió de una lección dolorosa.
4 Respuestas2026-07-01 06:16:59
Me acuerdo de la primera vez que investigué esto para un trabajo de clase y me quedé pegado al dato: Milgram publicó por primera vez su estudio en 1963 en la revista «Journal of Abnormal and Social Psychology». El artículo se titula «Behavioral Study of Obedience» y aparece en el volumen 67, número 4, páginas 371–378.
Lo que me mantuvo leyendo fue cómo un simple artículo académico terminó reconfigurando debates enteros sobre la obediencia y la ética en la investigación. Ese paper describe los famosos experimentos de voltaje falso y las reacciones de los participantes, y fue suficiente para que la comunidad académica reaccionara con sorpresa y preocupación.
Hoy todavía lo consulto cuando quiero entender el contexto histórico de estudios posteriores: primero el artículo en 1963, luego la discusión pública y, más tarde, la obra más accesible de Milgram donde expandió esas ideas. Es increíble cómo un único artículo puede marcar época y seguir siendo relevante.