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La Psicología Del Buen Repegón
La Psicología Del Buen Repegón
Penulis: Mangonel

Capítulo 1

Penulis: Mangonel
Me llamo Renato Figueroa. He leído varios libros de psicología.

Sé que hay mujeres que, aunque las toquen sin permiso, no se atreven a decir nada.

Son las que vienen de familias pobres, que no han visto mucho mundo y por eso cargan desde siempre con una sensación de inferioridad.

Después de pensarlo bien, elegí a las chicas de primer ingreso.

Las que llegan con papá o mamá en auto suelen tener más recursos.

Las ideales son esas que traen su maleta solas y toman el camión para ir a la escuela.

No solo tienen dieciocho años cumplidos, sino que en la escuela apenas les dan educación sobre la intimidad y la vida adulta.

Además, siempre han estado enfocadas en estudiar y casi no tratan con gente de afuera.

Eso hace que su forma de pensar sea bastante inmadura.

Yo ya tengo más de treinta y sigo sin pareja. Todos los días me la paso conteniéndome y es horrible, siento que el cuerpo ya no aguanta.

Por eso estas chicas nuevas son perfectas para mí.

Ese día, aprovechando que empezaban las clases para los de primer año, me subí a un camión que iba a la universidad pública.

Apenas entré, me sentí apretado como una sardina.

Había gente por todos lados, no había dónde poner el pie.

Me estiré para mirar hacia atrás.

Y ahí estaba, entre un montón de señores y señoras mayores, una chica con uniforme tipo colegiala.

Tenía al lado una maleta grande.

Se notaba de lejos que era una estudiante nueva llegando a inscribirse; todavía tenía esa cara inocente y alegre de la prepa.

Y lo mejor: esas piernas blancas y largas… daban ganas de cargarlas en los hombros y no parar.

Me abrí paso entre la gente hasta ponerme justo detrás de ella.

Empecé a rozarla con el cuerpo, y abajo le di suaves toques en las nalgas.

Esa suavidad elástica me encendió al instante.

El cuerpo me respondió de inmediato, la tela del pantalón se tensó y quedé pegado directo contra ella.

¡Y ni se movió!

Eso me encantó.

Si hubiera sido alguna mujer que va al trabajo, seguro sacaba el celular para grabarme y gritaba que era un acosador.

Solo para ganar atención y que la gente la compadezca.

En un camión tan lleno, es normal que la gente se roce. Pero ella se mantenía firme, con las nalgas levantadas, sin ninguna alerta.

Los libros de psicología sí servían.

El camión empezó a brincar más, nadie podía mantenerse firme.

Aproveché para empujar con fuerza por detrás; hasta le subí la falda.

Ella perdió el equilibrio y dio un paso hacia atrás, quedando apoyada en mi pecho.

Abajo quedamos aún más pegados, como si sus nalgas me envolvieran.

Una sensación rica, como electricidad recorriéndome, todo el cuerpo disfrutando.

La chica incluso giró la cabeza para disculparse.

—Señor, perdón, me tropecé y lo golpeé sin querer.

Su cara blanca se puso roja al instante. ¡Qué inocente se veía!

Yo la estaba tocando a propósito y ella me pedía perdón.

Ese día sí había caído con la indicada; podía hacer lo que quisiera y no se iba a enojar.

Le sonreí.

—No pasa nada, me gusta que te apoyes en mí.

Ella se dio la vuelta y dio un pasito hacia adelante.

De repente, después de tenerla tan apretada, sentí un vacío enorme.

El deseo seguía creciendo, me estaba volviendo loco de tanto contenerme. Me fui envalentonando. Antes solo rozaba por encima de la falda y no era suficiente.

Despacio, le levanté un poco la minifalda, dejando ver parte de las nalgas. Traía una telita blanca muy delgada, se veía increíblemente provocadora.

Lástima que había demasiada gente alrededor; no podía moverme mucho.

Solo alcé un poco más la falda y empujé con la parte baja.

Hacer eso delante de todos era una adrenalina tremenda.

Nunca me había sentido tan excitado; mi miembro se levantó de golpe debajo de su falda.
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