Me encanta ver cómo el mundo editorial se ha volcado a ofrecer
mandalas muy complejos para colorear; ya no se trata solo de círculos con repetición simple, sino de verdaderas láminas laberínticas llenas de detalles minúsculos. Desde que la moda del coloring para adultos explotó hace unos años, grandes y pequeños sellos comenzaron a publicar colecciones específicas: hay editoriales internacionales que hacen tiradas de lujo con papel grueso y páginas perforadas, y editoriales más pequeñas y artesanales que apuestan por acabados especiales o diseños originales de ilustradores independientes. He encontrado libros con mandalas geométricos hiperdetallados, patrones inspirados en arte islámico, variantes florales y combinaciones con elementos mitológicos; algunos vienen acompañados de sugerencias de paletas de color y ejercicios de meditación para quien lo use como práctica de relajación.
En mi casa siempre hay una o dos carpetas con hojas sueltas: compro tanto libros impresos como packs descargables que luego imprimo en papel más consistente. Lo que valoro cuando busco mandalas complejos es la calidad del papel (si piensas usar rotuladores o
acuarelas, es crucial), el tamaño de los motivos y si las páginas son a una cara para evitar que el color traspase. Editoriales como Dover o ediciones de sellos independientes suelen tener colecciones dedicadas exclusivamente a mandalas; incluso algunas colecciones vienen en formatos grandes tipo póster para trabajar a escala y con más detalle. También cuento con varios títulos populares que, sin ser exclusivamente de mandalas, incluyen láminas con estructuras circulares que desafían la paciencia y la precisión, perfectas para tardes largas con música.
Lo bonito es que hay opciones para todos: desde libros económicos en grandes cadenas hasta ediciones de autor limitadas. Si buscas algo muy técnico, fíjate en los lápices recomendados, el gramaje del papel y si el libro indica «diseños de nivel avanzado» o similar. Personalmente, disfruto más los mandalas complejos cuando no tengo prisa: me obligan a parar, elegir combinaciones de color y casi siempre acabo experimentando con degradados y pequeñas luces que hacen que el diseño cobre vida. Me dejan con una sensación de calma y logro —como cuando terminas una sesión de pintura— y por eso sigo coleccionándolos.