5 Respuestas2026-01-23 12:56:52
Siempre me ha fascinado ver cómo la lujuria puede ser tanto un motor narrativo como una trampa moral en las series españolas.
He visto varias ficciones que no esconden personajes dominados por el deseo: «Élite» y «Física o Química» son ejemplos claros donde la sexualidad adolescente y la atracción desbocada empujan tramas enteras; sus personajes muchas veces actúan movidos por impulsos que complican amistades, relaciones y secretos. Por otro lado, «Vis a vis» presenta relaciones más adultas y tensas en un contexto extremo como la prisión, donde el deseo se mezcla con poder, violencia y supervivencia.
Me gusta fijarme en cómo cada serie trata el tema: algunas lo usan para generar morbo y audiencia, otras lo transforman en conflicto dramático con matices de culpa, culpa social o crítica a dinámicas de poder. Personalmente prefiero cuando se explora la dimensión emocional y las consecuencias, no solo la escena impactante; eso hace que el tratamiento sea más sólido y menos sensacionalista.
5 Respuestas2026-01-23 01:41:30
Recuerdo una tarde entrando en un mercado de fanzines donde me topé con cómics que mezclaban estética manga y sensibilidad muy española.
He visto la lujuria representada ahí de formas muy distintas: a veces es descarada y cómica, con guiños hiperbolizados al estilo ecchi —películas y tiras que utilizan la exageración para provocar risa más que excitación—; otras veces aparece como erotismo más íntimo y reflexivo, explorando deseos y culpa sin caer en estereotipos. En esos fanzines independientes la sexualidad suele ser más cruda y menos autocensurada que en la industria mainstream; los autores juegan con el lenguaje visual (primeros planos, composición cerrada) y con la narrativa para hacer sentir la atracción.
Me gusta que en el ámbito español hay una mezcla: influencia japonesa en el dibujo y una mirada local en los temas, donde la lujuria puede servir tanto de puro entretenimiento como de espejo social. Al final, lo que me queda es la sensación de diversidad: hay de todo, desde lo ligero hasta lo provocador, y muchas obras se atreven a cuestionar normas sociales mientras juegan con el erotismo.
5 Respuestas2026-01-23 13:41:53
Me fascina la manera en que la lujuria se cuela por las rendijas de una banda sonora española: no siempre es exceso, muchas veces es insinuación pura. He pasado noches poniendo y quitando el volumen para entender cómo una cuerda sostenida, un susurro electrónico o un golpe de caja crean cercanía entre dos personajes. En películas como «Lucía y el sexo» o «Los amantes del círculo polar» la música no grita deseo, lo acompaña, lo diseña en capas para que el espectador sienta la piel erizada sin ver explícitamente nada.
Si pienso en los compositores que más juegan con eso, recuerdo a Alberto Iglesias y a Roque Baños; uno tiende a construir texturas orquestales densas y casi táctiles, el otro apuesta por ritmos y timbres que rozan lo primitivo. La mezcla también importa: la proximidad del micrófono hace que un suspiro o una nota de saxofón parezca a centímetros del oído, y ese efecto íntimo es pura lujuria sonora.
Al final me quedo con la idea de que la lujuria en el cine español es sofisticada y líquida: aparece en armonías ambiguas, silencios bien colocados y en una mezcla que prioriza el cuerpo por encima de la explicación. Me encanta seguir encontrando esas pequeñas trampas sensuales en bandas sonoras que, a primera escucha, parecen inocentes.
5 Respuestas2026-01-23 17:58:26
Recuerdo que en mis lecturas de juventud la lujuria se presentaba como una fuerza casi moralmente sancionada, un disparador que llevaba a la caída o la redención de los personajes.
En novelas decimonónicas españolas como «La Regenta» o «Fortunata y Jacinta» la pasión sexual se pinta con mucha carga social: no es solo deseo, es posición, reputación y culpa comunitaria. Ahí la lujuria funciona como espejo de las convenciones y de la hipocresía de la sociedad. Más adelante, autores como Emilia Pardo Bazán en «Los pazos de Ulloa» usan el erotismo para mostrar decadencia y conflicto de clases, siempre envuelto en una mirada diagnóstica.
Con la censura franquista la representación fue reprimida y, tras la transición, la narrativa se abrió; llegaron textos que la exploran con crudeza, humor o ironía, y también novelas eróticas que reivindican el placer. Me gusta cómo esa evolución refleja cambios sociales: la lujuria dejó de ser solo castigo para convertirse en herramienta crítica y en espacio para explorar identidad y poder, y eso hace que mis relecturas sean siempre distintas.