3 Answers2026-01-13 05:53:56
Me flipa cuando un diálogo bien acotado empuja la historia hacia adelante. Tengo la energía de alguien en los veinte que devora novelas juveniles y aprende a escribir imitando voces; por eso prefiero la raya —para mí es lo más limpio y directo—: cada intervención empieza con — y cada vez que cambia el hablante comienza un párrafo nuevo. Eso ayuda mucho a lectores jóvenes que siguen la conversación sin tropezar.
Un par de reglas prácticas: si la acotación está en medio de la frase se encierra entre rayas —«No puedo creerlo —dije—, esto es una locura»—; si la intervención termina con interrogación o exclamación, los signos van dentro antes de cerrar la raya —«¿Te vas ahora?» —preguntó—. Procuro que las acotaciones sean breves: mejor una acción que un adverbio («—Se fue —apunté, sin mirar—») que «—Se fue —dijo con rabia—». Además, alterno etiquetas y acciones para no saturar con «dijo» y para mostrar gestos y silencios.
Para mantener ritmo en juvenil suelo usar frases cortas, interrupciones con —, y no miedo a las pausas (puntos suspensivos) cuando un personaje duda. También me gusta jugar con la tipografía para pensamientos: itálicas para interioridad o guion corto según la casa editorial, pero siempre siendo consistente. Al final, lo que funciona es leerlo en voz alta: si suena natural, probablemente está bien. Me quedo con la sensación de que un diálogo claro hace la voz del personaje inolvidable.
3 Answers2026-01-13 05:42:55
Siempre me encanta pensar en cómo una sola viñeta puede definir todo un barrio y, con eso en mente, me concentro en establecer el lugar y el tiempo desde el arranque. Empiezo la escena con una viñeta de encuadre amplio que sirva como «establishing shot»: una calle de Madrid con fachadas reconocibles, un poste de luz con publicidad en español o un bar con la carta en la puerta. Eso le da al lector la sensación inmediata de dónde está la acción y evita que tengas que explicarlo más tarde con diálogos pesados.
Después reduzco el plano progresivamente: tres viñetas clave, por ejemplo, global — medio — primer plano. Uso la variación de tamaños de viñeta para marcar el ritmo: una grande para la atmósfera, varias pequeñas para acciones rápidas y un primer plano para la emoción. Entre escenas, cambio la anchura del gutter (el espacio entre viñetas) o incluyo una viñeta horizontal en toda la página para señalizar salto temporal. También me apoyo en pequeñas cajas de texto con «Lugar: Lavapiés» o «Tarde» cuando el salto es grande; no abuses, pero funcionan como anclas.
La elección del encuadre afecta la lectura: angulaciones bajas otorgan peso y dramatismo, contrapicados y picados establecen jerarquías. Para los sonidos uso onomatopeyas en castellano y las integro en la composición (no tapar caras ni globos). En lo visual, simplifico fondos cuando la atención debe ir al personaje y los detalle cuando el entorno importa: un rótulo, un azulejo, un cartel político pueden contar subtexto.
Al final me dejo espacio para una viñeta silenciosa o una página casi muda: esos respiros marcan los cambios de escena y hacen que el lector sienta el corte. Personalmente, disfruto cuando una transición limpia y bien pensada hace que la página siguiente te sorprenda y te lleve a seguir leyendo con ganas.
3 Answers2026-01-13 02:58:49
Recuerdo claramente el caos que era colocar bocadillos y textos en mis primeras páginas: los diálogos se pisaban, las onomatopeyas ocupaban demasiado y la lectura no fluía. Empecé buscando cursos presenciales y allí fue donde realmente aprendí a «acotar» —es decir, a indicar márgenes, tamaños de letra, posición de globos y notas de producción— de forma profesional. En España hay escuelas con talleres concretos para cómic: por ejemplo, la Escuela Joso en Barcelona y la Escuela de Arte 10 en Madrid hacen módulos prácticos sobre narrativa visual y rotulación que incluyen cómo marcar páginas para rotación, separación de capas y lectura natural del texto.
Además de las escuelas, los festivales son una mina: el Salón del Cómic de Barcelona o Viñetas desde o Atlántico suelen ofrecer masterclasses y talleres intensivos donde puedes ver cómo trabaja un rotulista o un maquetador en tiempo real. Yo aproveché uno de esos talleres para llevar mis páginas y recibir correcciones puntuales sobre proporciones de bocadillo y jerarquía tipográfica.
Si prefieres aprender a tu ritmo, existen recursos online muy útiles: plataformas con cursos de rotulación y tipografía aplicada al cómic, y blogs de estudios de lettering (como los recursos de Blambot) que explican medidas, interlineado y construcción de onomatopeyas. También recomiendo practicar en Clip Studio Paint o Photoshop con plantillas de viñetas y seguir libros clave como «Entender el cómic» o «Cómo se hace un cómic» para complementar la parte técnica con teoría. Al final, combinar escuela, festival y práctica constante fue lo que me dio seguridad para acotar de forma clara y efectiva; cada proyecto mejora mi ojo y mi mano.
3 Answers2026-01-13 05:23:25
Me encanta cómo cambian las reglas cuando paso de subrayar un libro a marcar una serie española; es casi como saltar de un idioma a otro dentro del mismo país. Cuando trabajo sobre un texto impreso, mis acotaciones se apoyan en el ritmo interno: subrayo frases, señalo metáforas y coloco referencias a páginas y párrafos. En un libro puedo detenerme en una oración y dejar una nota que explique por qué cierta imagen me recuerda a otra obra o a un contexto histórico; las notas tienen espacio para enlazar autores y citas completas sin romper la experiencia de lectura.
En cambio, acotar una serie exige pensar en imagen, sonido y tiempo. No tengo sólo páginas, sino minutos y segundos: uso marcas temporales, describo planos, apunto la música que acompaña la escena y el gesto de un actor que cambia el sentido del diálogo. En español eso se complica con variantes regionales, doblajes y subtítulos: a veces anoto la versión original y otra la doblada para comparar matices. Además, las notas sobre series suelen incluir capturas de pantalla o referencias a episodios concretos («La casa de papel», por ejemplo) y conviene ser preciso con el episodio y el minuto.
También noto diferencias prácticas: en libros puedo citar párrafos largos para análisis, mientras que en audiovisuales es mejor transcribir fragmentos breves y siempre indicar la fuente y el tiempo exacto. Y algo personal: con las series me sale una energía más visual y colaborativa —me encanta compartir timestamps y clips—, mientras que con los libros prefiero las notas íntimas y largas que reviso con calma.