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Agujeros Prohibidos – Follando a los amigos de mi padrastro

Autor: Grace
last update Data de publicação: 2026-04-12 20:34:37

Capítulo — 0003

~~ E L E N A ~~

Unas manos fuertes me agarraron por las caderas. Me giró y me levantó sobre la encimera en un solo movimiento fluido. Mis piernas se abrieron de forma instintiva.

—Buenos días, cariño.

—Es hora de convertirte en la puta de Papi de verdad, princesa.

Su boca chocó contra la mía. No fue suave. Fue posesivo. Su lengua folló mi boca mientras sus manos subían la camiseta, dejando mis tetas al descubierto. Me pellizcó los pezones con fuerza, haciendo que me arqueara y gimiera contra su beso.

Se apartó solo para arrodillarse. Su boca atacó mi coño como un hombre hambriento. Su lengua ancha lamió desde mi culo hasta mi clítoris en largas y sucias caricias, como en una película porno. Dos dedos gruesos se hundieron dentro de mí, abriéndose y estirándome. Agarré su pelo, frotándome contra su cara, mientras mis jugos le manchaban la barbilla.

—Papi… joder… voy a…

Chupó mi clítoris con más fuerza, su lengua girando alrededor mientras su boca se hundía profundamente en mi coño. Mis piernas no paraban de temblar y mi cuerpo se estremecía de placer abrumador.

Eyaculé por primera vez en mi vida. Mis muslos temblaron violentamente mientras me corría a chorros sobre su lengua. Él bebió hasta la última gota, gruñendo.

Se levantó, con la polla ya fuera, monstruosa, con una enorme vena recorriéndola y la punta goteando precum. Frotó la gruesa cabeza arriba y abajo por mi raja, provocándome la entrada.

—Ruega.

—Por favor, Papi. Por favor, fóllate el coño de tu niñita. Estírame. Arruíname para cualquiera otro.

Embistió hacia adentro.

La quemazón fue exquisita. Centímetro tras centímetro grueso fue separando mis paredes. Grité, clavándole las uñas en los hombros. Era mucho más grande que cualquiera de mis ex. Sentía cada cresta, cada pulso mientras se hundía más profundo hasta que sus pesados huevos descansaron contra mi culo.

—Joder, qué apretado —gruñó—. Este coño fue hecho para mí.

No me dio tiempo a adaptarme. Sacó y embistió hasta el fondo, estableciendo un ritmo brutal. El sonido de mi coño mojado tragándose su polla llenó la cocina: obscenos chapoteos y golpes de piel. Mis tetas rebotaban con cada embestida.

Me inclinó más hacia atrás sobre la encimera, doblándome por la mitad. El nuevo ángulo golpeaba mi punto G a la perfección. Mi coño se apretaba alrededor de él como una tenaza.

—Eso es. Córrete en la polla de Papi.

Me folló a través del orgasmo, más fuerte. El sudor le caía por el pecho. Su mano rodeó mi garganta, apretando lo justo.

—¿De quién es este coño?

—¡Tuyo, Papi! ¡Solo tuyo!

Rugió y se enterró hasta el fondo. Chorros gruesos y calientes de semen inundaron mi útero.

Se quedó dentro de mí, besándome ahora con suavidad.

—Buena chica. Pero no hemos terminado.

Yo temblaba, mi cuerpo convertido en un charco de semen y nunca me había sentido más viva.

Finalmente me dio una fuerte nalgada, con el cuerpo resbaladizo por el sudor caliente y su pecho peludo brillando.

—Es hora de ir a trabajar, cariño.

Gracias, Papi.

✧・゚: ✧・゚: ─── :・゚✧:・゚✧

Dos días después, Marcus me tenía inclinada sobre mi cama, culo en alto y cara contra el colchón.

—El lubricante está frío, bebé. Respira.

Gemí cuando el gel resbaladizo goteó entre mis nalgas. Su dedo grueso rodeó mi apretado agujerito, luego lo empujó dentro. El estiramiento quemaba de forma deliciosa. Lo metió y sacó con paciencia, añadiendo más lubricante, luego un segundo dedo.

—Viste a tu novio recibiendo una follada en el culo —murmuró—. Ahora Papi va a entrenar el tuyo como es debido.

Empujé hacia atrás, deseando más. Abrió los dedos en tijera, estirándome, curvándolos. Chispas de placer estallaron en lo profundo. Mi coño goteaba sobre las sábanas sin que nadie lo tocara.

Me colocó un pequeño plug en el culo. La presión me hizo gemir fuerte cuando pasó mi anillo.

—Llévalo todo el día. Quiero que pienses en lo que viene.

La sensación de plenitud me volvía loca. Cada movimiento me lo recordaba. Al llegar la noche estaba desesperada, frotándome contra el borde del sofá mientras él veía la televisión.

Esa noche sacó el plug y lo reemplazó con su polla.

—Relájate, princesa. Empuja hacia atrás.

La cabeza era enorme. Grité cuando forzó el paso de mi apretado anillo. La quemazón era intensa, abrumadora. Se quedó quieto, acariciando mi espalda y alabándome.

—Qué buena chica, tomando a Papi en su culo.

Centímetro a centímetro se hundió más profundo hasta que sus caderas chocaron contra mis nalgas. Me sentía imposiblemente llena. Atiborrada. Poseída. Lágrimas de placer abrumador rodaban por mi cara.

Empezó a moverse lento, con embestidas profundas. La fricción era una locura. Mi coño se apretaba alrededor de la nada, chorreando sin parar. Alcanzó alrededor y frotó mi clítoris.

—Córrete con la polla de Papi en tu culo, bebé.

Siguió empujando más fuerte, me puso boca arriba, me dobló las manos detrás de la espalda. Su cuerpo presionó contra el mío, su mano derecha tapándome la boca mientras me follaba como a una puta.

Su boca cerca de mi oído.

—¿Cómo me llamo?

—Papi.

—¿Cómo coño me llamo otra vez?

—Papi.

—Vamos —gruñó mi padrastro, aún enterrado profundamente dentro de mí—. Dímelo deletreado.

Sus caderas dieron una fuerte embestida, haciéndome gritar.

—P—A—P—I.

—Siiií.

—Ahora aprieta ese culito.

Después de treinta minutos de follada dura, me puso en posición 69, con su polla en mi boca y mi coño sobre su cara. Lamiendo y chupando ambos agujeros como si fueran un tesoro.

Me hice añicos. El orgasmo fue más fuerte que nunca. Mi culo se contrajo sobre su boca, ordeñándolo. Él gruñó y me inundó la boca con su semen.

En los días siguientes el entrenamiento se intensificó. Plugs más grandes. Sus dedos. Su polla en diferentes posiciones. Al final de la semana le rogaba que me follara el culo más fuerte, porque el placer de repente superaba al de mi agujero principal (mi coño).

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