LOGINMargaret Hall, llega a vivir a un pequeño pueblo con su hijo en brazos y una vieja, desgastada maleta. Nadie conoce su procedencia ni de su vida antes de mudarse allí, lo cual despierta prejuicios, habladurías y hasta el gélido rechazo. Sin embargo, todo eso no es impedimento para que la joven madre, con su buen trabajo en el jardín de niños, poco a poco se ganara el afecto de todos en el lugar, incluyendo el de Richard Clark, un hombre carismático muy estimado para la gente y quien no podrá resistir caer en los encantos de la recién llegada, ni en los del pequeño Ben, a quien comienza a querer como si fuera su hijo. Lo que nadie espera es que pronto, el pasado de Margaret, vendrá tras de ella como una bomba de tiempo letal, pero lo más importante... ¿Podrá el amor verdadero vencer un terrible porvenir?
View MoreAquella casa, vaya que era un remanso de paz en medio de la naturaleza, rodeada por una exuberante vegetación. Dicha construcción se alzaba como un refugio acogedor en medio del bosque. Los árboles se erguían altos y majestuosos, sus hojas se balanceaban suavemente con la brisa, creando una melodía susurrante que llenaba el aire. El aire estaba impregnado de los ricos olores de la naturaleza. El aroma a tierra húmeda, a musgo y a hojas frescas llenaba los sentidos. El arroyo cercano añadía un toque de humedad al ambiente, creando una atmósfera fresca y rejuvenecedora. El clima en la casa en las montañas de Richard era fresco y templado, incluso en pleno verano. La neblina a menudo se arrastraba entre los árboles por las mañanas, creando una sensación mágica y misteriosa. La casa en sí se mezclaba con el entorno, construida con madera rústica y piedra local. Grandes ventanales permitían que la belleza de la naturaleza entrara en cada rincón. Una chimenea en el centro de la sala princ
Margaret, James y Tom se dirigieron al apartamento de Richard, por boca de James, ella sabía que allí se encontraban los pequeños.Ella se sentía destrozada por la pérdida de Tatiana y todas las penalidades que hizo pasar a tanta gente, en especial a la familia Clark.Dentro del apartamento, se encontraron con Alice y John, quienes cuidaban amorosamente de Ben y Jack.—¿Ha venido Richard? —inquirió Alice, esperanzada de que pudiera estar allí, pero con el presentimiento de que Alexander le hubiera hecho daño—. Estoy tan preocupada.—Él está bien, Alice, quien no lo está es Alexander, no sé los detalles, espero que Richard te lo cuente en cuanto venga aquí.—Margaret… —musitó Alice—. Hablas como si ya nunca más fuéramos a vernos ¿Qué ocurre?—No me digas que terminaste con Richard después de todo lo que él luchó para rescatarte —John sonaba abatido, pero eso no fue suficiente para hacer recapacitar a Margaret.—Margaret —intervino James—, necesitamos irnos ahora mismo. Alexander podría
Con el corazón latiendo rápidamente, Margaret se adentró en los pasillos oscuros de la cárcel, con la esperanza de encontrar a Richard y escapar juntos. De alguna manera la vida le había dado una segunda oportunidad y no pensaba perderla. Sin embargo, para su infortunio, su camino se cruzó con el de Alexander, quien la encontró antes de que pudiera encontrar a su amado.—¡Así que intentaste escapar, Margaret! —decía entre dientes, mientras la tomaba del cabello—. Pero no irás muy lejos.—¡Suéltame, monstruo! —gritó Margaret, forcejeando mientras que con una mano libre le rasguñó el rostro.—¡Maldita perra, ahora verás! —exclamó Alexander para tomarla por las muñecas mientras buscaba una cuerda.Margaret, después de unos minutos y amordazada por Alexander, se resistió con todas sus fuerzas, pero no pudo evitar ser llevada de vuelta a su celda.Ella, frustrada, pero con una pequeña esperanza, se deshizo de la mordaza y comenzó a planear su próxima oportunidad de escapar.Lo que no había
—¡Así que el buen hermano decide hacer acto de presencia! ¡No escaparás de las consecuencias de tus acciones! —dijo con un tono despectivo.Richard volteó para encarar a Alexander. A los ojos de Margaret ambos se veían tan similares, pero sus esencias eran totalmente diferentes.—Ya fue suficiente de esto, Alexander. No permitiré que sigas haciendo daño a Margaret. Las acusaciones en su contra son falsas, y lo demostraré a como dé lugar.Alexander hizo una mueca de burla y comenzó a reír siniestramente.—Tus palabras no tienen peso aquí. Te aseguro que pagarás por lo que has hecho. Y Margaret, no importa cuánto intentes aferrarte a él, no te salvará de tu destino. Ambos morirán, este es el final para las escorias de mi vida.Mientras Alexander insultaba a Richard, los guardias lo esposaron y lo sacaron de la celda. Margaret observaba con angustia, deseando poder abrazar a Richard y protegerlo de todo eso.—Richard, mejor huye —dijo Margaret entre sollozos—. No sé qué puede hacer Alexa












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