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CAPÍTULO 3. Seis noches para decir adiós.

Penulis: Day Torres
last update Tanggal publikasi: 2026-06-18 19:12:46

CAPÍTULO 3. Seis noches para decir adiós.

Katerina apenas pudo dormir esa noche, pero a la mañana siguiente, cuando despertó, él ya se había ido a trabajar.

El rascacielos The Legacy era un proyecto de cuatro mil millones. El tipo de proyecto que podía hacer mundialmente famosa a una constructora como Blackwood Holdings, o hundirla para siempre. Así que salir temprano todos aquellos días, significaba que Jordan tenía que levantarse a las cuatro de la mañana para irse a la oficina a recuperar el tiempo perdido.

Katerina se sirvió café y leyó la nota que le había dejado pegada en la puerta de la nevera.

“Espero que encuentres algo hermoso para hacer hoy”. Decía, pero ya Katerina conocía esas notas: siempre venían llenas de culpa por trabajar demasiado… ahora eran por Angela.

La arrugó en una bolita y la lanzó al cesto de la basura mientras abría en su computadora una base operativa muy diferente. Porque mientras su suegra la llamaba “recogida”, y mientras Jordan creía que ella mataba el tiempo con “cosas hermosas”, la verdad era que Katerina se sentaba cada día a sostener un sistema que ninguno de ellos siquiera alcanzaba a imaginar.

Su padre la había aconsejado bien: “La gente te enseña su verdadera cara cuando creen que no puedes defenderte”. Así que Katerina había enterrado a la financiera, la estratega, la analista de riesgos, la inversora… todo debajo de aquella capa de dulzura que su familia política veía como debilidad.

Pero la verdad era que no había visto la verdadera cara de los Blackwood, no todavía. La vio media hora después cuando la puerta de cristal que daba al jardín se abrió del golpe. Se dirigió a la sala descalza y en alerta, solo para ver a cuatro hombres desconocidos, de trajes impecables, liderados por su suegra.

—¡Siéntate, traje unos documentos para que los firmes! —espetó lanzando un fajo de papeles sobre la mesita de centro.

—¿Documentos…? —Katerina achicó los ojos, pero en cuanto miró el título, su expresión se enfrió.

“Contrato postnupcial”

—Voy a ponértelo claro —espetó su suegra—. Ese contrato dice que renuncias a todas las propiedades y bienes de mi hijo después de divorciarte de él, ni siquiera aceptarás una pensión compensatoria. No te llevarás joyas, no te llevarás vestidos, ni zapatos ni nada que se haya pagado con el dinero Blackwood. Saldrás con la misma basura que llegaste, una maleta, y tu olor a pobre arrimada —siseó Jasmine con desprecio—. No mantendrás contacto con él y definitivamente no hablarás sobre las intimidades de esta familia, porque si lo haces, la demanda será por diez millones de dólares, y tú no podrías reunir eso ni es diez vidas.

—No voy a firmar nada de esto sin que Jordan esté presente —respondió Katerina con el corazón acelerado.

—Entonces hoy mismo mandaré la denuncia por fraude migratorio —sonrió su suegra—. Y para mañana empezará la investigación de tu matrimonio falso con mi hijo.

Uno de los abogados le puso delante otro documento y señaló la línea de firma sobre su nombre: Katerina Oslova.

“Katerina Oslova”. Ese era el nombre que estaba en su pasaporte. El mismo con el que se había casado con Jordan.

Tomó despacio el Contrato Postnupcial y lo leyó hasta que su suegra perdió la paciencia.

—¡Firma de una vez!

—Aquí dice que si estoy embarazada deberé perder al bebé —murmuró Katerina, incapaz de creer el horror al que podía llegar una mujer tan “fina” como Jasmine Blackwood.

—Así es, si quieres tenerlo, entonces nos tienes que indemnizar. Otros diez millones —sonrió su suegra, porque creía, de verdad creía que ella no podía pagarlos.

Katerina sintió el regusto amargo del asco en la garganta, pero tomó la pluma que el abogado le tendía y firmó cada página.

—Toma, quédatelo como advertencia —rio Jasmine dejándole la denuncia migratoria sobre su copia del contrato—. Para que recuerdes que solo eres una recogida, y que Angela y yo podemos sacarte de esta casa cuando queramos.

—Angela… —murmuró Katerina de repente—. ¿Dónde está que no vino a disfrutar mi humillación?

Y la sonrisa venenosa en el rostro de Jasmine se lo dijo todo.

—Está donde debe estar.

Katerina los vio salir con expresión triunfante, y su corazón roto lo supo antes de que su teléfono sonara con una llamada de Jordan.

“Kat, hoy no voy a llegar a comer, tengo demasiado trabajo con esto de la firma de la inversión” lo escuchó decir con ese tono suave de culpa.

—¿No? Pensé que vendrías a comer con tu hermana —respondió ella acentuando la palabra hermana mientras su corazón se endurecía un poco más.

“No, hoy no. Tengo demasiado trabajo. Te lo compenso luego, ¿de acuerdo?”

—De acuerdo —murmuró Katerina y miró por un instante su teléfono antes de que la comprensión se asentara:

“Angela está donde debe estar”.

—¿No vas a venir a comer con ella… porque ella está contigo? —preguntó como si lo tuviera enfrente, y la rabia y ese sentimiento de traición fueron más fuertes que todo su autocontrol.

Un segundo después caminaba hacia su habitación, se vestía para salir, y aceleraba aquel Mustang como jamás lo habría hecho teniendo a Jordan al lado. El auto quemó llantas por toda la ciudad y solo se detuvo en un pequeño restaurante cerca de la oficina principal. Compró algo de comida y respiró mientras subía en el ascensor, pero no se sorprendió cuando llegó al despacho de Jordan y lo encontró vacío.

Así que se sentó durante la siguiente hora, viendo cómo la comida se enfriaba hasta que las voces se escucharon en el pasillo y la puerta se abrió.

—¡Kat…! —se sorprendió él, deteniéndose, y Angela chocó contra su espalda, riendo.

—¿Por qué te detien…? —empezó pero entonces vio a Katerina sentada en uno de los divanes, y la sonrisa en su cara fue pura provocación—. ¡Katya… digo, Katerina! ¿qué haces aquí?

—Mi esposo me llamó para decir que no vendría a comer porque tenía demasiado trabajo y vine a traerle algo —respondió ella señalando la bolsa sobre la mesa, y la expresión de Jordan se suavizó hasta que Angela se colgó de su brazo.

—¡Bueno, pero yo soy familia! —exclamó—. ¡Jordan tiene que hacer tiempo para mí! Solo quería invitarlo, no puedes enojarte por eso.

Katerina notó el énfasis con que siempre se llamaba a sí misma “familia”, pero jamás “hermana”, como si fuera un término que quisiera desterrar entre ellos.

—¿No debo molestarme porque mi esposo no tiene tiempo de comer conmigo pero sí contigo? —preguntó con tanta frialdad que Jordan frunció el ceño.

—Kat, no lo planeamos. Yo estaba trabajando, pero ella solo llegó y me invitó y…

—¡Y yo siempre he sido su consentida! —se carcajeó Angela—. Nos criamos juntos. No puedes esperar que ese amor desaparezca solo porque tú existes ¿verdad?

Y podía parecer que hablaba de “amor” familiar, pero los ojos de aquella mujer no mentían, lo había dicho con toda intención.

—Kat, no hagas una tormenta en un vaso de agua, solo fue una comida —rezongó Jordan—. Y tú —añadió girándose hacia Angela—. Ve a ver tu oficina mientras hablo con Kat. Anda.

Y solo eso bastó para que Katerina sintiera la noticia como una bofetada.

—¿Oficina?

—¡Ah! ¿Jordan no te lo ha dicho? ¡Voy a trabajar aquí a partir de hoy! ¡Justo en la oficina de al lado!  —se rio Angela diciéndole adiós con la mano mientras salía por la puerta y Jordan exhaló un suspiro.

—Solo se va a quedar por unos meses para ayudar con la presentación del rascacielos —murmuró tomando su mano y Katerina se soltó con un gesto lento y deliberado, mientras daba un paso atrás.

—Dime una cosa. ¿De verdad no sabes que tu hermana está enamorada de ti? ¿O sí lo sabes y te estás haciendo el idiota a propósito?

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Sarah Cruz
Esta mujer es de armas tomar .... Vamos Kat, no te dejes, si el idiota de tu marido no ve la realidad, es más estúpido de lo que cree
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Ana Cortes
Me encanta kat que no se deja directa me gusta
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