FAZER LOGIN
Alyssa O’Neil caminaba apresurada por el centro comercial obligando a su prima Naomi a correr detrás de ella. Buscaba una tienda de lencería femenina donde había visto una exposición de modelos muy sexis de ropa interior.
—¿Puedes ir más lento? —preguntó Naomi con la respiración agitada—. La tienda no se escapará.
—Deja de quejarte y acelera, necesito comprar varias cosas.
—¿De verdad comprarás ropa para seducir a Paolo Vannucci?
—¿Escuchaste lo que dijo mi padre anoche durante la cena? Ese italiano será la salvación para la empresa de mi familia. Si logramos la sociedad con él, evitaremos la ruina —dijo mientras entraba a la tienda y comenzaba a revisar las prendas—. Tengo que ayudar a que Paolo acepte invertir en nosotros.
—Entiendo que te sientas en deuda con tus padres por todo lo que han hecho por ti, pero… Vamos, Alyssa, ¿qué sabes tú sobre seducir a un hombre, si ni siquiera has tenido sexo por primera vez en tu vida?
—¡Cállate! —la regañó y miró a su alrededor para asegurarse que no la habían escuchado—. No seas imprudente, sabes que nadie puede enterarse de eso.
—¿Y crees que Paolo no lo notará? Él debe tener casi cuarenta años, es un gigoló, y tú apenas eres una joven de veinticuatro que se asusta cuando un hombre se le acerca.
Alyssa gruñó, inconforme.
—Esto no lo hago por mis padres, sino por mí. He trabajado mucho en los nuevos proyectos de diseño de interiores y se supone que el próximo año asumiré la dirección general. No voy a recibir una empresa en ruinas y dejar que todo mi esfuerzo se pierda por culpa del mal manejo que hicieron del dinero. Además, ¿crees que ya no estoy cansada de sentirme limitada por culpa de mis traumas del pasado?
Naomi la miró con pesar. La madre de Alyssa la había tenido de muy joven, siendo madre soltera por mucho tiempo. Lo que más recordaba de su infancia eran los incontables novios que la mujer había tenido mientras encontraba al indicado que cuidara de ellas. Algunos solían ser agresivos.
Uno en especial no solo se atrevió a golpear a su madre cuando estaba pasado de tragos, sino que intentó abusar de ella en varias oportunidades teniendo tan solo diez años de edad.
Por eso, cada vez que un hombre se le acercaba para tocarla de forma íntima, no podía evitar sentir miedo y alejarse, dando a entender a otros que era una mujer frígida y una mojigata.
—Ya encontré una forma para superar mi trauma antes de que llegue Paolo y así lograr convencerlo de asociarse a la empresa de mi familia —informó Alyssa.
—¿Sí? ¿Cuál? ¿Vas a desvirgarte para así tener experiencia en el asunto?
Naomi había hecho aquella pregunta como una especie de burla, pero al ver que su prima la miraba con fijeza y determinación se inquietó.
—¡¿Vas a desvirgarte?! —consultó impactada y en voz alta.
—¡Cállate, tonta! —la regañó y evaluó de nuevo los alrededores notando que un par de mujeres las miraban con curiosidad—. Contraté los servicios de un profesional para eso —reveló en susurros—. Un terapeuta sexual que será delicado y no se reirá de mis miedos, sino que me ayudará a superarlos.
Naomi abrió los ojos y la boca en toda su extensión.
—¡¿Estás loca?! ¡¿De verdad hiciste eso?! —preguntó esta vez en voz baja.
—Por eso pedí unas semanas de vacaciones en la empresa, para dedicarme a ese asunto en exclusiva y a atender a Paolo cuando llegue al país. El lunes me iré a un campamento donde estaré a solas con ese profesional. Allí le pediré que me ayude a perder mi virginidad y me enseñe a seducir a un hombre.
—No puedo creer que hayas hecho eso. ¡¿Contrataste a un prostituto?!
—¡No! —aclaró indignada—. Te dije que es un terapeuta sexual.
Alyssa dejó hasta allí la conversación con su prima para continuar con lo suyo. Necesitaba con urgencia conquistar a Paolo Vannucci y animarlo a que ayudara a salvar la empresa de su familia. Si para eso debía desprenderse del tesoro que guardaba entre las piernas, pues, lo haría. Estaba dispuesta a lo que sea por preservar su futuro.
***
En su casa, Mike Russo trataba de explicarle a Randy, su mejor amigo, sus planes para la próxima semana.
—Ya avisé a mis clientes sobre mis faltas, solo cerraré el taller mecánico por siete días. Tú quedarás a cargo de la casa.
Randy, un negro delgado con abundante afro que en ese momento terminaba de prepararse unos emparedados, comprimió el rostro en una mueca de desagrado.
—¿Estás seguro, amigo? ¿Vas a descuidar el contrato que cerraste con esa escudería solo para hacerte pasar por un experto en sexo?
—No voy a descuidar nada. Necesito librarme del problema en el que me metió mi hermano Jake para así no empañar ese proyecto. No quiero que Brendan y sus delincuentes se enteren de eso y pretendan aprovecharse. El trabajo que me ofreció Harold en su campamento solo dura una semana, así consigo rápido el dinero que necesito para pagar la deuda que Jake hizo con Brendan y luego me concentro en mi trabajo. Ese contrato marcará un cambio en mi vida.
Mike respiró hondo y se pasó una mano por el rostro con cansancio.
Jake, su hermano menor, para hacer dinero fácil, aceptó trabajar con la banda delictiva los Cobra sirviéndole de mula en la entrega de una droga, pero perdió la mercancía.
Ahora Brendan, el líder de esa agrupación, exigía el pago. Si no lo recibía en una semana amenazó con asesinar a Jake y tomar todo lo que Mike tuviese de valor en el taller mecánico que había instalado en su garaje.
Jake, por temor, huyó para evitar las represalias del delincuente en vez de buscar el dinero que debía. Nadie sabía dónde se había escondido.
Dejó a su hermano cargando con su responsabilidad, justo cuando había firmado un contrato importante con una escudería de la Fórmula 4 para poner a tono sus autos con ayuda de la telemetría.
Mike no podía perder ese contrato, ni ensuciarlo con problemas con delincuentes. Si cumplía bien sus funciones esa podría ser una plataforma para avanzar hacia la Formula 1 y montar su propia empresa de fabricación de partes automotrices. Su futuro dependía de ese éxito.
—¿Y en serio piensas meterte a puto para conseguir el dinero para Brendan? —consultó Randy con cara de asco.
—No voy a meterme a puto, idiota. ¡Seré un terapeuta sexual!
Las carcajadas del hombre resonaron en la cocina.
—¿Terapeuta sexual? Sí, claro. Lo que harás será cogerte a alguna niña rica por toda una semana.
—No voy a cogerme a nadie, el campamento es educativo. Harold me explicó que ellos enseñan todo lo que tiene que ver con la seducción, a usar tu cuerpo y tu mente para brindarle placer a otro, dejando de lado tus limitaciones. No buscan prostituirse.
—¿Qué clase de perdedores pagan para aprender esas cosas en un campamento, en vez de experimentar en la calle?
—Gente con problemas serios para socializar o con traumas psicológicos. Por eso los terapeutas tienen conocimientos en psicología. No cualquiera puede hacerlo. Yo logré entrar porque Harold me rogó por ayuda, uno de sus terapeutas se metió en un problema y le urge suplantarlo, y yo enseguida entendí que esa sería una buena oportunidad para conseguir dinero rápido y así quitarme el acoso de Brendan de encima. Pero Harold me advirtió que debo tomar ese asunto con seriedad. Si cometo un error, me corta la cabeza.
—Si no te corta la cabeza Harold, te la cortará Brendan —pinchó su amigo—. Estás entre la espada y la pared.
Mike gruñó por el enfado.
—Jake es el único familiar de sangre que me queda, no quiero perderlo aunque sea un imbécil. Y el contrato que cerré con esa escudería es mi camino al éxito, no puedo dejar que nada lo obstaculice.
—Mierda, Mike. ¿En serio vas a estar una semana encerrado en una cabaña cogiéndote a una niña rica? —exclamó Randy sin poder creérselo.
—¡Ya te dije que no voy a cogérmela, voy a entrenarla! —aclaró ofuscado.
—Y si ella te pide sexo, ¿dirás que no?
Mike no respondió. Lo menos que pensaba en ese momento era en tener sexo con la clienta que Harold le había conseguido, su mayor preocupación era librarse de Brendan y de los Cobras. Si no resolvía ese asunto pronto, debía atravesar graves consecuencias.
Había pasado un año. Ahora Alyssa y Mike sí podía decir que vivían tranquilos y felices.—Abre la boca —le pidió ella y él obedeció con sumisión. De esa forma la mujer pudo darle una cucharada generosa de pastel que él comió sin rechistar.—¡Sonrían! —pidió el fotógrafo, captando una nueva imagen de los novios.Se encontraban en el salón de fiestas, en medio de la celebración de su propia boda, una que llegó en el momento más oportuno.El llanto de una niña llamó la atención de ambos. Enseguida dejaron lo que hacían para girarse hacia la niñera que traía a una somnolienta Dalila entre las manos.—La niña exige a sus padres para dormir.—Dámela a mí —pidió Mike y tomó a su hija de un año entre sus brazos.—Pobre, con tanto ajetreo se pasó su hora de dormir —dijo Alyssa, dándole un beso en un bracito a su niña que se había acurrucado como un gatito en el pecho de su padre, ya tranquila y emitiendo un amplio bostezo.—Se dormirá en menos de un minuto —dedujo él, al ver que la nena casi e
Pasaron varios meses y aún Mike y Alyssa debían enfrentar secuelas de lo sucedido.—A tu padre le llegó una nueva demanda de los Vannucci —informó Meredith a su hija cuando fue a visitarla a su oficina en la empresa—. Ahora lo acusan de haber conspirado contra Paolo al invitarlo a Seattle, envolviéndolo en un conflicto con el fin de destapar sus cuentas pendientes en Europa. ¡Piden cuatro millones de dólares en reparación para pagar los gastos de su defensa!Ella sonrió divertida, sin dejar de revisar las carpetas que tenía sobre el escritorio y guardaba en cajas. Se irguió, acariciándose su ancho estómago. Ya tenía más de ocho meses de embarazo, tan solo quedaban dos semanas para dar a luz a su hija. El tiempo que le restaba lo pasaría en casa, por eso se llevaba parte del trabajo.—Todas esas demandas son solo sal cayendo en mucha agua, los abogados se encargarán de ellas y las diluirán en pocos días.—Sí, pero dejan amarguras. —La mujer se cruzó de brazos endureciendo la mandíbula—
Representantes de la familia Vannucci viajaron a Estados Unidos por las denuncias que los O’Neill y socios de su empresa habían hecho contra Paolo. Contrataron a un séquito de abogados para que lo defendieran y evitaran que quedara en prisión, estaban dispuestos a sacarlo de ese país y enviarlo a otro destino en Europa, pero no esperaron encontrarse con aquella tragedia.Paolo no solo había fallado a la exigencia policial de no salir de Seattle mientras se aclaraba su situación, sino que se había envuelto en un crimen aún peor. Se alió con criminales buscados por años por la DEA, secuestró a una empresaria reconocida y miembro de una familia importante de la región y pagó por un asesinato que él mismo estuvo a punto de llevar a cabo.Había pruebas, de todos y cada uno de esos delitos. Además, seguía aumentando la cantidad de denuncias en su contra por estafas y estaba más que probada su colaboración con una firma de abogados que llevaba años cometiendo fraudes y extorsiones contra emp
A los pocos minutos, Luther se hizo presente en el lugar acompañado por varios efectivos policiales y miembros de la DEA.No solo atraparon a los integrantes de los Cobras que se encontraban allí, sino que lograron recuperar las armas que poseían, que formaban parte de un contrabando robado a una instalación militar, y los autos, que estaban llenos de drogas y de otros productos también robados.Se hicieron cargo del cuerpo de Donald y de todos los heridos. Se llevaron en ambulancias a Otto, Garred, Randy y Bonnie, que tenían heridas menores producto de las peleas que tuvieron con los delincuentes y del choque en el lamborguini.De la misma forma trasladaron a Alyssa y a Mike, este último sufría por la puñalada que Donald le había propinado en el costado antes de morir, aunque no llegó a ser una herida grave.Jake fue detenido por la policía y llevado a una comisaría donde lo tendrían hasta que pudiesen trasladarlo a Seattle.Mientras todos se recuperaban en el hospital y eran interro
Todos quedaron inmóviles al ver a Donald impidiéndoles el paso. Tenía las manos libres, cerradas en puños, aunque llevaba dos pistolas guardadas en sus fundas a los costados de su torso. Sonreía con malicia, sabiendo que había acorralado a su presa.Si regresaban, se toparían con el caos que se había producido entre la DEA y los criminales, desde allí oían el sonido de disparos. Y no había caminos alternos, aquel era un área comercial tapeada de galpones, negocios y fábricas diversas. La única salida era enfrentarlo.—¡Mike Russo! ¡Si sales del auto, podría dejar ir a los demás! —gritó, consciente de que lo habían escuchado bien a pesar de tener las ventanillas cerradas.—¡No, Mike! ¡No vayas! —suplicó Alyssa anclándose al cuello de él, para impedirle que se moviera.—Si no salgo, esto no terminará nunca —expuso él, resignado, mirándola con dulzura e intentando calmarla.Ella seguía temblando por los nervios y mirar en su rostro las marcas de los golpes que le había propinado Paolo Va
Alyssa se sentó en el suelo y así retrocedió hacia la pared, al tiempo que le gritaba a Mike que se detuviera, pero él estaba como poseído.Le daba a Paolo Vannucci el castigo que aquel hombre merecía desde hacía algunos años.El italiano intentaba sacudirse para defenderse y ponía sus brazos en su cara, pero Mike con facilidad los esquivaba y le propinaba una golpiza monumental. El rostro ya lo tenía manchado de sangre y comenzaba a ovillarse por el dolor.Afuera, se escuchaban ruidos de golpes, disparos y gritos desesperados, así como de órdenes que parecían no ser escuchadas por nadie.Alyssa se sobresaltó al oír que alguien golpeaba la puerta con ansiedad y movía la manija como si quisiera romperla.—¡Russo! ¡Russo! —vociferaba una voz masculina.—¡Mike! ¡Déjalo! ¡Vas a matarlo! —gritaba Alyssa tratando de hacerlo entrar en razón, pero él no atendía a nadie.Un disparo resonó, asustando aún más a la mujer, que se agazapó contra la pared tapando sus oídos con sus manos sin dejar de







