FAZER LOGINEl lunes muy temprano, Alyssa se marchó en un taxi al campamento en el que se había inscrito. A sus padres les informó que haría un viaje educativo fuera de Seattle, donde realizaría unos cursos de especialización, pero en realidad asistiría a un rancho ubicado cerca de Tacoma.
En ese lugar se desarrollaba un campamento donde ayudaban a las parejas a recuperar el interés mutuo y el fuego del amor, aunque también, apoyaban a personas solas a romper sus limitaciones para encontrar a su «media naranja».
Ella se apuntó en uno de esos talleres pensando en aprovechar la ocasión para solicitarle al terapeuta sexual que le habían asignado que la ayudara a perder su virginidad. Aquel era su interés más importante.
—Bienvenidos a «Luz del futuro», el campamento que les permitirá recuperar la confianza en sí mismos y el amor por la persona que tienen a su lado, o que pronto estará por llegar.
Alyssa miró a su alrededor, la mayoría de los asistentes eran parejas con edades entre treinta a cuarenta años, ella era la única joven allí. Y solo había tres personas solas sin compañía, ella y dos hombres que la observaban como si fuese un pedazo de carne jugosa y cocinada en su punto.
—En unos minutos les presentaremos a su terapeuta asignado, con quien convivirán estos siete días aprendiendo todo lo necesario para hacer de sus existencias una experiencia más agradable y llena de amor.
La mujer que hablaba era Mina, la encargada, quien podía tener unos cincuenta años o más por las arrugas que se marchaban en su rostro y las canas que adornaban su cabellera, aunque parecía de treinta. Su estilo de vestir juvenil y su actitud divertida la hacían ver más joven.
—Mi compañero Harold les entregará a cada uno una hoja con el reglamento básico del campamento. A pesar de que ya hablamos ese tema cuando se inscribieron, es bueno recordarlas y tenerlas siempre a la mano. Ellas nos ayudarán a mantener la buena convivencia y evitar inconvenientes.
Alyssa recibió de parte de un hombre alto, de piel morena y bigote poblado, el documento informativo y simuló leerlo. Estaba tan nerviosa que le costaba mantener su atención en el papel.
Ya quería encontrarse con el terapeuta que le correspondía atenderla y consultarle la posibilidad de tener sexo para así perder su virginidad.
¿Aquel hombre aceptaría su propuesta o la rechazaría, sumiéndola en la mayor de sus vergüenzas?
Mina siguió hablando. Decía algo sobre una clase de baile para seducir que recibirían en un par de días, pero ella no podía escucharla. Estaba pendiente de Harold, quien salió del salón hacia una sala contigua en busca de los terapeutas.
Su aventura estaba por iniciar.
***
Harold animó al grupo de hombres y mujeres que se encontraban fuera del salón a que se prepararan para entrar y así conocer a sus pacientes.
Junto a un ventanal se hallaba Mike. Miraba con nerviosismo a los presentes.
—¿Listo, muchacho? —preguntó Harold al estar frente a él.
Aquel hombre lo conocía del taller mecánico. Mike, desde hacía más de un año, cuidaba de su elegante Volvo llegando a hacerse amigos.
—Sí. Me leí todo el manual que me facilitaste, estoy más que listo.
—Recuerda, esto no es recitarle a la persona una serie de instrucciones, como si le enseñaras a reparar uno de los autos que atiendes en tu taller. Tienes que conocerla y ser empático con sus problemas para que la ayudes a abrirse a otros.
—Esa parte la entendí muy bien, puedo hacerlo.
Harold respiró hondo, podía percibir la inquietud que invadía al joven. Se acercó para hablarle de forma confidencial.
—Mike, entiende que esto es muy importante para mí. Uno de los terapeutas cayó en prisión por estar inmiscuido en una pelea, Mina no lo sabe, si se entera se enfadará conmigo por no evaluar con atención los antecedentes de los especialistas con los que trabajamos. No podemos permitirnos contratar a gente violenta. Al incluirte tapé el problema para que pasara desapercibido mientras consigo a otro, así que asumirás el perfil de él. De ahora en adelante eres Garred Lombardo, ¿entendido? No me falles para que Mina no descubra nada.
—No te fallaré, sabes que para mí esto también es muy importante. Te prometo que convertiré a esa chica en una maestra de la seducción, confía en mí.
Harold le palmeó un hombro sonriendo con alivio y caminó hacia la puerta que daba al salón.
—¡Vengan conmigo, jóvenes, para que conozcan a sus pacientes de esta semana! —ordenó a todos.
Los terapeutas lo siguieron. Mike quedó de último, sintiéndose ansioso por la tarea que debía enfrentar.
Jamás había sido un experto en seducción, o en sexo, lo suyo era puro instinto, y esperaba que estos no le fallaran en esa oportunidad.
***
El corazón de Alyssa comenzó a latir apresurado una vez que vio a los terapeutas extenderse por el salón. Ellos tenían un cartel con sus nombres en sus manos, de esa forma el cliente podía ubicarlos.
Ella estaba pendiente de los carteles y no de los rostros. Esperaba encontrar uno con el nombre de Garred Lombardo, como se llamaba el especialista con el que debía trabajar ese tiempo.
Una vez que lo divisó sonrió triunfal y alzó la mano para llamarlo antes de subir su atención a la cara del hombre.
Quedó de piedra y perdió la sonrisa cuando lo vio.
Unos ojos severos, y tan negros como una noche sin luna, se clavaron en ella observándola con una mezcla de sorpresa y enfado. La sangre se le esfumó del cuerpo al estar cara a cara con su exnovio de la universidad: Mike Russo.
Él por un instante no pudo moverse. Nunca imaginó que se encontraría de nuevo con Alyssa O’Neil, la mujer que le rompió el corazón años atrás y lo dejó hecho polvo.
Apretó la mandíbula para llenarse de valor antes de aproximarse a ella quedando a centímetros de distancia. La mujer lo miraba con los ojos muy abiertos y el rostro pálido, como si hubiese visto un fantasma.
—¿Mike? —consultó al fin Alyssa, sin poder salir de su asombro.
—No vuelvas a decir ese nombre. Aquí soy Garred Lombardo, ¿entendido? —soltó él con severidad, lanzándole reproches con su postura tensa y desafiante.
Tuvieron que pasar varios minutos para lograr que Alyssa se calmara y le contara, con detalles, lo que había sucedido con el italiano en la fiesta la noche anterior. Se sentaron en un sofá a hablar, con ella aún acurrucada en su pecho.Mike guardó silencio, resultando esa una de sus batallas más difíciles. El odio le tenía tan envenenada la sangre que lo hacía temblar de forma casi imperceptible mientras la escuchaba.Ella no lo veía a los ojos. Sentía, por los latidos acelerados de su corazón y por la tensión en la que permanecía su cuerpo, que estaba al borde de su paciencia. Si lo veía, perdería el arrojo y callaría para no aumentar más su irritación.—¿Te dijo algo esta mañana con respecto a lo sucedido? —preguntó al final él, con la voz ronca, como si hubiese gritado maldiciones y ofensas por casi una hora.—No, pero su mirada desafiante habló por él. No pude permanecer mucho tiempo cerca, a pesar de que me mostré altanera. No quería que notara mis miedos, pero el asco me superó,
Mike cerró la puerta para mantener la privacidad en la oficina.—¿Qué pasó? ¿Por qué los detectives estaban aquí? —preguntó Alyssa angustiada, pero él no quiso aclarar sus dudas. La tomó con ambas manos por el cuello y la besó como si nunca lo hubiese hecho.Devoró sus labios con hambre, chupándolos uno a uno e introduciendo su lengua dentro, para saborearla hasta el último rincón. Había pasado demasiado tiempo lejos de ella, añorándola, soñando con su cuerpo, con su voz, con su aroma y con el sabor de su piel.Nada le importaba más en ese momento que disfrutarla, que reclamar esas emociones que una vez le robaron y por años había anhelado.—Maldición, Aly, no puedo tenerte lejos —gimió sobre los labios de ella, oyendo sus gemidos y sintiendo su respiración agitada.—Te extrañé. Demasiado —confesó la mujer, apresándolo por la camisa con sus puños cerrados, evitando que se alejara.Y Mike no lo hizo. No solo volvió a besarla como nunca, sino que la estampó contra la pared apretando su
Mike tuvo que atender a los detectives en su oficina mientras Randy se ocupaba del taller. Luther se puso a mirar las fotografías enmarcadas que estaban en una pared y mostraban diversas imágenes de su familia, deteniéndose más tiempo en las fotos donde aparecía Jake.La detective Mahoney se sentó en una silla frente al escritorio, viendo con curiosidad la pieza mecánica que se encontraba sobre la mesa.—¿Qué quieren? —preguntó Mike con semblante duro quedándose de pie junto a su butaca y buscando ir directo al grano.—Solo hablar con usted, señor Russo —respondió Mahoney.—¿Quieren hablar conmigo después de tener por días una vigilancia frente a mi taller? Supongo que la información que esperan que les dé ya la saben.—Solo sabemos lo que lo obligan a hacer, pero no lo que tiene pensado —habló Luther, apartándose de las fotografías para acercarse a su compañera con postura relajada, aunque sus ojos emitían claros desafíos.—¿Eso les importa?—Mucho —intervino Mahoney—. Eso podría cam
Mike observaba con fijeza el motor de un Audi, con sus manos apoyadas en la carrocería para estar un poco inclinado hacia él, aunque en realidad, no miraba nada. Su mente estaba perdida en la nada, en los escenarios catastróficos que su cabeza creaba al imaginar que todo, absolutamente todo, iba a salirle mal.—¿Y? ¿Ya desintegraste el bloque de cilindros con los rayos láser que salen de tus ojos?Frente a la estúpida pregunta de Randy, Mike regresó a la realidad y lo traspasó con una mirada mortal.—Llevas una puta media hora viendo ese motor, amigo. ¿Qué mierda te pasa? ¿Tienes problemas de bujías? —se quejó el negro.Mike gruñó y se apartó del auto hasta llegarse al mesón de trabajo, donde apoyó la parte baja de la espalda dirigiendo su semblante endurecido al suelo.La forma en que Alyssa había interrumpido la conversación y cortó la llamada apagando su teléfono eran claros indicios de que algo estaba sucediendo en esa mansión. Ella había tenido algún problema, quizás, con el mise
Alyssa salió a la sala y enseguida respondió a la llamada. Habló en susurros para que nadie la escuchara.—Mike.—Ey, amor, ¿cómo estás?Ella sintió un retorcijón en el pecho. No estaba bien, pero no quería angustiarlo.—Te extraño.—Y yo a ti. Quiero verte.—Hoy no podré. Al menos, no durante el día.—¿Qué pasa?—Nada es solo… —dudó, no podía decirle la verdad, menos por teléfono. Lo mejor era conversar cara a cara—. Mi mamá me invitó a una actividad con sus amigas, acepté porque tengo tiempo que no comparto con ella.—Vamos a vernos esta noche, tengo muchas cosas que contarte. Necesitamos hablar.Sus palabras le hicieron recordar su visita a la policía.—¿Vas a contarme la verdad sobre tu problema con los Cobras?Él estuvo en silencio un instante antes de hablar.—¿De qué hablas?—Me dijiste que te habías librado del acoso de esa gente porque ellos ahora resolvían su problema con la policía, pero cuando fui a declarar supe que eso no era cierto. Nunca atraparon a los Cobras en la di
Al llegar Florian del hotel donde Paolo había pasado la noche, Román y Rita salieron del despacho para recibirlo y se dirigieron con él hacia el comedor, reuniéndose con Meredith y Giancarlo.Alyssa los evitó para no saludar al abogado y salió por el patio para entrar en la sala por la cocina. Naomi sí se unió a ellos, con ganas de conocer detalles sobre lo sucedido en el hotel. Aunque pronto se percató que nadie quiso abordar el tema. Lo ignoraron por completo decidiendo conversar sobre asuntos triviales.Por su parte, Alyssa fue al despacho para ver a su padre. Le preocupó que decidiera quedarse encerrado en su oficina cuando él siempre había sido muy sociable. Halló la puerta entrecerrada y tocó con suavidad para anunciarse antes de entrar. El hombre alzó la cabeza de los documentos que leía y le regaló una sonrisa algo tensa.—Hola, ¿cómo estás? —habló ella y cerró la puerta acercándose a una silla ubicada frente al escritorio, donde se sentó.—Bien, supongo —respondió él con inse







